X
a babor >

Otro vodevil – Por Francisco Pomares

   

La polémica se ha montado esta vez porque unos pocos vecinos de Los Llanos se disfrazaron estos Carnavales como los Enanos de Santa Cruz de La Palma. El asunto ha corrido lo suyo en internet y calentado las redes sociales, en otra demostración más del papanatismo irredento que nos caracteriza. Pero no se trata de algo sólo local. Trasciende lo canario en una demostración de que la tenencia al despropósito es una cuestión de genes patrios: la escandalera a cuenta de los enanos es la misma que se desparrama y contagia a Andalucía porque un concejal se disfraza de Paso de la Virgen. En un estado aconfesional como dicen que es el nuestro, con permiso del obispo Rouco, resulta que a las vírgenes los concejales tienen que tomárselas obligatoriamente en serio. Y luego nos ponemos chirtipitiflauticos y nos hacemos los sosprendidos cuando un dibujante europeo se hace unas risas con el Profeta y le declaran una fatwa.

Pero volvamos aquí abajo: al parecer, lo que enfada a los que están enfadados en La Palma a cuenta de este crimen de lesa enanidad no es el hecho en sí de que un par de guasones se hayan apropiado de su disfraz, sino que se desvelara públicamente que dentro del disfraz hay una persona de talla normal y no un tipo bajito. ¡Qué cosas! Supongo que habrá gente menuda que aún pueda sentirse sorprendida por la rápida metamorfosis de los cabezones palmeros, como hay gente menuda a la que la ilusión le impide conciliar el sueño la noche de Papa Noel o la víspera de Reyes. Pero el secreto de los enanos no es el de la fórmula de la CocaCola: no creo yo que nadie en Canarias (y menos en Santa Cruz de La Palma) haya sido sorprendido por la trapisonda provocadora de los vecinos de los Llanos. El problema no son los enanos, sino la rivalidad entre la capital palmera y Los Llanos, que sigue envenenando las relaciones entre ambos municipios, de la misma manera que preferimos resucitar el pleito entre Tenerife y Gran Canaria a cuenta de la ley turística, antes que decirles a los galos Soria y Rivero que dan pena, que no pueden jugar con centenares de millones de inversiones para demostrar cual de los dos tiene la cresta más larga.

Porque aquí cada uno cree que la única defensa de intereses que es decente y aceptable es la defensa de los intereses de uno mismo. Ya saben: aquí todo el mundo piensa en lo suyo, menos yo, que pienso en lo mío. En fin, que detrás de esta ridícula bronca en las redes, de este rasgamiento de vestiduras, de los posicionamientos épicos contra el de enfrente y de la pomposidad en la percepción del agravio, lo único que subyace es nuestro más rancio aldeanismo. El de siempre.