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Para el arrastre – Por Leopoldo Fernández

   

Ayer me lo preguntaban en la radio, y sin haber escuchado el discurso del presidente Rivero y las intervenciones de la tarde, respondí de manera tajante: “El estado de Canarias es para el arrastre”. Y me ratifico en tal afirmación. Basta oír la voz de la calle y repasar cuatro o seis datos representativos. Tenemos más pobreza que hace un año, más marginación y exclusión social, más paro, menos derechos, más deudas, más problemas, más dificultades para llegar a fin de mes… Podrán decirse algunas verdades, verdades a medias o incluso mentiras. Y vestir el futuro económico con ropajes de optimismo y cierta confianza. Todo eso está muy bien, pero no cambia la percepción general de que Canarias no va como quisiéramos todos. Ya sé que el Gobierno autonómico hace lo que puede y que, con aciertos y desaciertos, está condicionado por políticas nacionales y europeas. La austeridad y la pésima financiación de la comunidad son dos losas de primer nivel. Pero aun así, el Gobierno canario falla, a veces con estrépito, en algunos planteamientos. Por ejemplo, en los servicios sanitarios; en las políticas sobre dependencia y vivienda; en la falta de un horizonte claro en materia energética -un sector estratégico pendiente de graves y urgentes decisiones- y de investigación e innovación; en caprichos populistas o políticamente inaceptables sobre el sistema electoral, la reforma estatutaria y las tan traídas y llevadas prospecciones petrolíferas -que tarde o temprano, como bien sabe el ejecutivo regional, serán autorizadas con las debidas cautelas medioambientales y, naturalmente, sin que previamente se celebre un referéndum extemporáneo-; la falta de coraje para adelantar cuanto antes la reforma del marco jurídico-administrativo canario, etc., etc. Hace falta un mínimo de autocrítica y un máximo de sensibilidad y buen ánimo para llegar a acuerdos de calado entre gobierno y oposición, al menos sobre los asuntos más fundamentales para las islas. Bien están, aunque con algún matiz que no hace al caso, las diez ideas o propuestas del presidente Rivero expuestas en su discurso sobre el estado de la nacionalidad; pero sería mejor enriquecerlas con las aportaciones de los partidos no representados en el Gobierno. Ahora que la muerte de Suárez ha dejado mensajes que hablan de la necesidad, como en la transición, de dialogar, consensuar y colaborar al logro de objetivos superiores, harían bien los diputados en propiciar en la casa de todos, que es el Parlamento, acuerdos sinceros y leales en beneficio de Canarias y los canarios. Los partidos y los propios políticos ganarían en credibilidad y ejemplaridad a los ojos de los ciudadanos. Como en el dicho romano, la ocasión la pintan calva.