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Pequeñas estafas, grandes ganancias – Por Sergio García de la Cruz

   

Cuando la naturaleza agrava las dificultades, acrecientan el ingenio. Aunque tal vez no podríamos hablar de ingenio cuando lo que hacen es valerse de la credulidad o buena fe de las víctimas. Para esto el calificativo es otro. En la actualidad asistimos a un escenario de pequeñas estafas monetarias, pero que aportan grandes beneficios. El entorno es un decorado de temática tecnológica que propicia cierta impunidad. Tres pueden ser sus características principales: la primera; afecta a un gran número de víctimas; la segunda; se sisan pequeñas cantidades de dinero, sin que muchos se percaten, y la tercera; se ejecuta en un corto periodo de tiempo. En palabras de Julio César: Veni, vidi, vici.

Si bien la lista de fraudes es muy extensa, aquí daré unas pequeñas pinceladas de ellas, por aquello de persona precavida vale por dos. He de decir que mientras escribo estas líneas la Policía Nacional detiene a dos personas como presuntos autores de los delitos de estafa y falsificación de tarjetas de crédito. Al parecer, realizaron 52 operaciones con dos números diferentes en 48 horas por valor de 250.000 euros.

La estafa de “la artimaña romántica” es muy sencilla, se trata de engatusar a la víctima hasta que llega el cuento de la triste historia que solo la cura el envío urgente de dinero, en ese momento dejará de llorar nuestra dulce amada. Otras atacan directamente a las cuentas bancarias. A nadie se le escapa que existe un mercado ilegal de tráfico de datos de personas, cuentas de email y, como no, cuentas bancarias. Después son vendidos por pack en un mercado negro. Algunos tienen fines publicitarios, pero, otros entrañan planes fraudulentos. Amén de esto, otros no los compran, los buscan, ¿de qué manera? Fácil, atacando buzones, y a veces no hace falta ni atacarlos sino que hay un mercado negro de venta de llaves que son restos de robos, en su mayoría bolsos. Pensemos: si nos roban el bolso cambiamos la llave de la vivienda, pero no la del portal ni la de los buzones, ¿no? Por cierto, ahora me viene a la memoria ahora lo fácil que es dar con un PIN sabiendo la fecha de nacimiento de una persona.

Otros actúan sobre los cajeros, bien instalando una cámara y un lector que clona la tarjeta y graba el número secreto o bien poniendo cepos a la salida del dinero que bloquean que esto ocurra. Las clonaciones muchas veces no son exclusivas de los cajeros, se pueden dar en cualquier ámbito: se hace en dos segundos y con un utensilio del tamaño de la palma de una mano (skimming).

Las empresas tampoco se libran. Algunas han sido víctimas de personas que simulan representar a entidades financieras ubicadas en el Pacifico que les ofrece un préstamo en condiciones muy ventajosas, pero una vez tramitado todo y puesta en marcha la concesión; el dinero nunca llegaba a la víctima, en cambio, esta ya ha pagado una cantidad como póliza de seguros.

La lista podría continuar y no tener fin, no me gustaría finalizar sin ponerles en alerta sobre las web de compras, ventas, alquileres, ofertas de empleo… seamos cautos: “ningún desayuno es gratis”.

www.sergiogarciacruz.com