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Philip Seymour Hoffman – Por Luis Ortega

   

Dejó un sincero testamento: una reflexión en alta voz en una charla con un amigo, también heroinómano que, ahora, adquiere un insólito valor de profecía: “Nuestras muertes por sobredosis saldrían en las noticias y, tal vez, asustarían a alguien para dejar las putas drogas”. Releo un best-seller barato donde se relata la vieja maldición que pesa sobre las estrellas más prometedoras de Hollywood: accidentes, suicidios, efectos letales del alcohol, los barbitúricos y las drogas duras. Hago una pausa en la amarilla verdad del inventario y, porque los fines de semana, mi viejo ordenador y quien lo usa, tenemos asueto, vuelvo al DVD con la biografía visual de Truman Capote (1924-1984), basada en el libro de Gerald Clarke y dirigida por Bernet Miller, que significó la definitiva consagración de Philip Seymour Hoffman (1967-2014). Hace poco más de un mes apareció muerto en su lujoso apartamento de Manhattan, con una jeringuilla clavada en su antebrazo brazo y un reguero de papelinas a su alrededor. Procedía de una familia de clase media de Fairport, estado de Nueva York; su madre, católica y de ascendencia irlandesa, fue jueza de familia y activista de los derechos civiles; de origen alemán y protestante, su padre fue ejecutivo de una multinacional; católica ella y él protestante; se divorciaron sin traumas y él tuvo siempre relaciones cordiales con ambos. Cambió la universidad por las escuelas de arte dramático e interpretación y, animado por sus profesores, entró en la profesión. Debutó en un capítulo de Ley y Orden y, entre 1990 y 2013, intervino en más de cincuenta películas como secundario hasta llegar a ser cabeza de cartel; tuvo asimismo una notable trayectoria como director de teatro y, en 2010, plenamente consagrado, se puso tras las cámara en Jack Goes Boating. Entre una veintena de nominaciones a los premios más importantes de Estados Unidos, con Capote (2005) ganó el Oscar, el Globo de Oro, el Bafta, el premio del Sindicato de Actores, el Satellite Awards y el Independent Spirit Awards, también por La familia Savage (2007). Fue un actor de insólitos registros dentro del mediocre panorama contemporáneo, con una anatomía que le permitió encarnar, con crédito y solvencia, un amplio catálogo de caracteres, un valor llamado a ocupar un lugar de privilegio en la industria; un hombre sincero, con compañera y tres hijos, que tuvo el coraje de revelar sus adicciones y dependencias desde la juventud, sus tratamientos en clínicas de rehabilitación y sus posteriores recaídas y abonarse a una leyenda trágica que se lleva a los mejores.