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La política sin partidos – Por Félix Díaz Hernández

   

Son muchos los flashes, las estampas, los recuerdos que se agolpan en la memoria, generados por el ensalzamiento global de la figura de Adolfo Suárez. Como no soy amigo de contribuir a rebuscar algo nuevo en las miles de glosas emitidas hasta el momento; ni tampoco tengo la edad suficiente para apelar a una cronología histórica exacta de hechos y acontecimientos, enmarcados en eso que se llamó la Transición, me quedaré con el mero afloramiento de un aspecto que me motiva y llama la atención.

A pesar de estar empotrado en las huestes del régimen anterior; de ser una pieza necesaria para que algunos aceptaran que las cosas debían cambiar; o que incluso en alguna época sufriera un acoso mediático, político, financiero, monárquico y fáctico; este hombre demostró que se puede hacer política, que se puede avanzar hacia una sociedad mejor sin disponer, en la retaguardia, de los partidos políticos. Ni la extinta Unión de Centro Democrático (UCD) se podría catalogar como un partido político al uso ¿las razones? Evidentes, era una amalgama coalicionada en la que todas las familias que lo integraban expresaban sus opiniones libremente, aunque a veces supusiera el degüello político de sus miembros.

La partidocracia domina hoy el discurso, las propuestas, los telediarios, las noticias y decide quiénes pueden sacar la cabeza y opinar en la vida pública. Por no disponer de esa estructura asfixiante, o saber esquivarla Adolfo Suárez hizo, durante algunos años, ejercicios de verdadera política; de trazos en el aire de florín fino; que a pesar de que le costaran el puesto hicieron posible el salto hacia el sistema actual que, por cierto, debería empezar a contar con las personas y no con los partidos políticos para abanderar una muy necesaria Segunda Transición.

@felixdiazhdez