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El recibo de la luz – Por Leopoldo Fernández

   

Por mucho que se empeñe el ministro Soria, el nuevo recibo de la luz, ese al que a partir de hoy han de acomodarse unos 27 millones de contratos, sigue siendo un galimatías. Y, lejos de clarificar su disección, resultará aún más ininteligible que el hasta ahora vigente. De ahí el mosqueo-protesta de todas las asociaciones de consumidores, que no entienden cómo es posible eso de pasar de facturar un precio fijo trimestral por otro -denominado precio voluntario para el pequeño consumidor-, que estará en función del precio diario del mercado mayorista o pool de empresas del sector y que fijará Red Eléctrica Española (REE). Si el usuario quiere evitarse complicaciones y cálculos dificultosos -que sólo podrá realizar si acude a la web de REE, operador del sistema, para comprobar cada día la evolución de dichos precios-, podrá negociar directamente con la empresa comercializadora un precio fijo que habrá de constar en el correspondiente contrato y que a día de hoy se ignora si será o no más caro. Para mayor complicación, las compañías eléctricas disponen de tres meses para adaptar sus recibos a la nueva normativa y sólo podrán aplicar ésta a los tres millones de contadores digitales existentes (permiten facturar por el precio de cada hora), que deben ser reprogramados. Los restantes han de ser sustituidos durante un periodo que termina en 2018. Además, las empresas vienen obligadas a refacturar en favor del usuario por los sobreprecios cobrados durante el primer trimestre de este año. En vez de ordenar este intrincado proceso y esperar un tiempo hasta que cada cosa ocupe su lugar, el Ministerio de Industria sigue de disparate en disparate, enfrentado a las propias compañías eléctricas, que ciertamente han ganado mucho dinero los últimos años pero a las que ahora se castiga con artimañas y medidas más que discutibles, como ha denunciado la Unión Europea. A todas estas, las empresas -a las que el gobierno del estado debe unos 25.000 millones de euros por el llamado déficit de tarifa-, siguen incluyendo en el recibo mensual la potencia contratada o parte fija de la factura, que ha subido un 18% en febrero, aunque la variable ha bajado un 7%, con lo que la cuota fija por kilovatio contratado está ahora en 42,04 euros, el doble que hace un año; el consumo real; el impuesto eléctrico; el peaje o costes de transporte y distribución; el alquiler del contador; el IGIC; la compensación por rebajas y sobrecostes de producción en Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla; la moratoria nuclear para Lemoniz y Valdecaballeros, y las primas para las energías renovables. Del recibo de la luz, casi el 50% son impuestos y conceptos no relacionados con el consumo. ¿Y a todo esto lo llaman arreglar el problema eléctrico?