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Religión y política – Por Cristina Molina

   

No me parece bien que se haga política si se lleva una sotana o un hábito. Los más conservadores lo han hecho tradicionalmente en su televisión. La cuestión es que en vez de abordar ese problema hemos creado otro. Si antes unos se extralimitaban en la tele, ahora otros lo hacen en las redes sociales. Las interpretaciones del contexto político que vivimos distan mucho de gozar de unanimidad. Algunos religiosos le han cogido el gusto a eso de pronunciarse. Pocas veces he entendido esta actitud. Primero porque deja fuera a los cristianos que no coinciden con su mismo juicio político. Segundo, porque no reconoce el discernimiento de los que han llegado a conclusiones diferentes. Y tercero y más importante, porque alinea la fe con una acción política concreta, lo que es sinónimo de despojarla de la acción opuesta. A mi modo de entender, es necesario más acompañamiento y menos clérigos que señalen el camino. Que estos se dejen de tantas consideraciones personales y estén más con sus fieles, con los que han decidido rebajarse al fango del compromiso político. Los que han aterrizado e inexorablemente llegan a alguna de las siglas que constituye el panorama político actual, decepcionando así a muchos paradójicamente. Una amalgama que va desde la idea de que Dios está todavía a la derecha de este gobierno (especialmente los provida o los que ningunean a la ciencia) hasta los que piensan que es incompatible estar con Dios y tomar parte de este sistema. Desde la óptica de la fe se podría hacer con la política lo mismo que con el ecumenismo, poner el acento en lo que une y no en lo que separa. Cabe recordar, por muy vehementes que se pongan algunos, que se impone el pluralismo de opciones políticas entre los cristianos. “Son muchos y diferentes los hombres y mujeres que se encuentran en una comunidad política y pueden, con todo derecho, inclinarse hacia soluciones diferentes”.

@cristination_