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Rutina virtual – Por César Martín

   

Pelos de punta y una lágrima en la mejilla. Risa desatada y otra lágrima en la mejilla. Estas son las reacciones a los últimos vídeos que me han wasapeado. Así veo a la gente pasar de una emoción a otra, sin ton ni son. Luego un reenvío, un compartir en redes y a seguir con los quehaceres diarios. Se despachan rápido, a golpe digital o de clic y ya está nuevamente circulando por este mundo virtual que nos hemos creado. Son emociones a la carta. Cada día recibimos cantidades ingentes de ellas en enlaces y archivos con contenidos audiovisuales. La mayoría tienen que ver con el humor y la risa fácil, pero también los hay que pretenden despertar conciencias. Recursos los hay variopintos: Julio Iglesias con su “y lo sabes”, el bebé que se ríe a carcajadas, el gato y sus piruetas, los montajes fotográficos, el porno barato y soez… Luego hay materiales más comprometidos con la causa: técnicas de autoayuda, mensajes positivos, anuncios épicos, consejos recurrentes, paisajes y una cita de Paulo Coelho… Son las nuevas herramientas de la comunicación que llenan los 16 gigabytes de la memoria de nuestro smartphone. Emociones enlatadas a precio cero, fáciles de consumir, de usar y tirar. La suma de información que se mueve es incalculable y todos con aspiración a ser trending topic. La calidad de la mayoría es cuestionable, es banal, simplona y solo unos pocos ejemplos escapan de la quema. De leer ni hablemos, todo lo que requiera un esfuerzo intelectual y pase de 150 palabras pasa a un segundo plano. Me pregunto si no habremos pasado la tuerca de rosca y las emociones se están vendiendo a precio de saldo. Todo manido y adulterado. Sensación de asco. ¿Continuaremos sintiendo? ¿Moverá eso algo? ¿Cambiaremos lo que somos ahora? Hoy tengo pocas certezas y muchas preguntas en la cabeza. No siempre se es capaz de resolver todo. Esta tarde me esconderé en El libro de los abrazos, de Galeano, luego un poco de Miles Davis y quizás vuelva a ver el El poeta danés, un cortometraje de Torill Kove. Hay días que es mejor refugiarse en la cueva.

@cesarmg78