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Se veía venir – Por Ramiro Cuende Tascón

   

El pueblo se muere de hambre…
-¡Pues denle pasteles!”

A la Delfina de Francia, la de Luis XVI, se le atribuye esta impertinencia que me recuerda alguna que otra de reciente creación por estos lares de España, y, más concretamente de la gente de Mariano, por más señas Rajoy.

-¡Que se jodan!, parece ser que gritó la pobre diputada popular de Castellón, señorita Fabra, que no pudo contener su emoción al escuchar al presi anunciar en el congreso una serie de recortes, entre los que destacaba el de las prestaciones por desempleo, para cumplir con una de las primeras recomendaciones de la dinerocrática Europa, que deja de ser Europa por la gracia del gas que calienta a Alemania y a otros con suma calma, cuando le roban un trozo de territorio con un referéndum militar. Por ahora el fuego nos queda lejos. La revolución francesa nació con el hambre, no con el exceso de apetito, con el abuso y el descaro de los oligarcas absolutistas, hoy nuestros dinerócratas gobernantes. Ideas como libertad política, fraternidad e igualdad, o el rechazo a una sociedad de clases, así como las nuevas ideas sobre la división de los poderes del Estado, eran imparables. Si a esto unimos una inmanejable deuda y una extrema desigualdad social, con impuestos altos que la nobleza y el clero no tenían obligación de pagar, pero que si sojuzgaba al resto de los mortales, generó un rencor general dirigido hacia los privilegios de los nobles y del alto clero, que mantenían su dominio sobre la vida pública impidiendo que accediera a ella una pujante clase profesional, comerciante y a dieta. ¿Y? Pasó lo que pasó, inventaron la guillotina. Si a ese histórico lance a cuyos motivos nos acercamos le sumamos esta clase política tarada y endogámica que nos lleva y que compara el 22 M de hace unos días con el neonazismo ¿Pues? Está I. Glez. Glez. para hablar de Hitler. Este, iba a decir señor, está deseando que se monte un follón de órdago en Madrid. Para empezar, 1.700 antidisturbios aumentan la plantilla en aras al desorden con la pepera finalidad de que el sábado no falte de nada, y se monte un inolvidable zaperoco a la madrileña. Claro que su perversa gestión y el drama vital que nos han regalado para ponernos en fila, su Aguirre, la cólera de Dios y de la Gürtel, el mentado, y, el jefe Mariano, no merecen sino gratitud y pleitesía. Mientras escribo llega la primavera al jardín, los ciruelos ahí ¡Ojalá estas dignas Marchas logren que este país se aproe, pensé! Salud.