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Sensatez y cordura – Por Leopoldo Fernández

   

Ana María Oramas, diputada de Coalición Canaria, ha levantado ampollas entre grupos independentistas minoritarios al manifestar en Los desayunos de TVE que su formación, que define como “nacionalista pero no independentista”, no va a “apoyar ningún proceso independentista ni secesionista en España”. Y ha añadido que “Canarias no tiene futuro si no es dentro de España y de la Unión Europea”. Creo que la señora Oramas ha realizado un correcto ejercicio de realismo político, que se corresponde con el sentir mayoritario de la militancia de CC -salvo la corriente Secundino Delgado y la organización juvenil- y de sus resoluciones congresuales, primero con los partidos insularistas, luego en las Agrupaciones Independientes de Canarias y ahora desde Coalición Canaria. Cosa distinta es la ideología abiertamente independentista, muy respetable aunque discrepe de ella e incluso la combata, de algunos grupúsculos ajenos a CC, que tampoco reflejan el parecer de la población -como atestiguan sus reiterados y estrepitosos fracasos electorales-, o la que proclama el periódico El Día con una tozudez, una desorientación y una falsedad que, lejos de ganar adeptos para su causa, espanta a quienes de buena fe pudieran estar interesados en una Canarias convertida en Estado. Ningún dirigente del moderno nacionalismo canario, salvo Antonio Cubillo, apoya la independencia. Ha podido advertirse alguna veleidad ocasional pero ya no queda ni eso. CC es hoy una agrupación política identitaria, constitucionalista e integradora, partidaria del mantenimiento de los lazos que unen a las gentes de estas islas atlánticas con la Península desde hace más de cinco siglos y con ese marco supranacional de libertad, progreso y democracia que es la Unión Europea. ¡Pobre Canarias si cayera en el africanismo tercermundista y trasnochado que algunos proclaman desde tribunas falsificadoras de la realidad! ¿Cómo creer a quienes, tratando de ajustar cuentas con la historia, hablan a estas alturas de ocupación, explotación, represión, falta de libertad y otras lindezas por el estilo? ¿En qué cabeza cabe aludir a una pretendida descolonización con aplicación de la resolución 1.514 de Naciones Unidas, de 1960, prevista para la concesión de la independencia a pueblos colonizados, pero que prohíbe “todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país”? Por eso, con sensatez y cordura, hace bien la señora Oramas en dejar las cosas claras. Que es tanto como decir sí al máximo nivel de autogobierno y el mayor respeto a los derechos históricos y las singularidades de esta tierra; pero no a aventurerismos y experimentos disparatados.