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Soberanía alimentaria – Por José Antonio García de Paredes

   

Mil millones de personas en el mundo, sobre los siete mil que somos, no tienen acceso a la alimentación, y más de 24 mil mueren de hambre cada día, los precios se han disparatado a pesar que la oferta agraria duplica las necesidades del planeta, los mercados y gobiernos están permitiendo que se especule con el precio de la comida y existe un gran problema de distribución y acceso a los alimentos. Somos capaces de producir más y de crear mejores sistemas agrícolas, pero no repercuten en la población. El 60% de la producción agrícola corre a cargo de pequeños cultivadores frente al resto de las grandes corporaciones, y la mayor parte de estos agricultores son pobres. El shock financiero ha agravado los problemas: hoy muchas familias de los países más pobres gastan en comida más de la mitad de sus ingresos; 44 millones de personas han sobrepasado el umbral de la pobreza debido a su alto precio. El capitalismo con sus últimas fases neoliberales ha arrastrado el modelo de agricultura y alimentación hacia un sistema globalizado de cadenas alimentarias larguísimas dependiente del capital y pensando en los alimentos como beneficios, las consecuencias son, pobreza, hambre y desaparición del medio rural y sus gentes campesinas, degradación de los ecosistemas, pérdida de suelos, contaminación del agua, calentamiento del planeta y una alimentación insana e insegura. Nunca se habían producido tantas materias primas, ni nunca ha habido tanta hambre, la alimentación no es una mercancía. La soberanía alimentaria encaja como un modelo de economía social y solidaria, resituando la función de la agricultura con mucha claridad: una práctica que, de manera respetuosa con el medio ambiente y adaptada a cada territorio, produce alimentos para las comunidades locales a la vez que se convierte en un medio de vida para quienes la desarrollan, generando economías de pequeña escala y reales. No podemos construir ninguna economía sostenible reduciendo el sector primario a la mínima expresión. La terciarización de Canarias ha supuesto una disminución importante de la agricultura en el peso de la economía del archipiélago, los hoteles son suministrados desde fuera vía contenedores y centrales de compras, el récord de turistas contrasta con el de desempleo, el mundo al revés en manos de las grandes multinacionales, pero aparentemente donde ahora dependemos del petróleo, viscoso y ¡finito!, para producir alimentos, la agricultura del futuro volverá a trabajar con el Sol, un aliado voluntario, generoso y nunca absentista que hoy solo es amigo del desarrollo turístico insostenible que puede provocar un crecimiento urbano excesivo, no integrado en el paisaje, la regresión del espacio natural al crear espacios artificiales, la generación de residuos, problemas de aguas residuales y basura, vertidos incontrolados, etc. Lo que estamos haciendo actualmente en Canarias es insostenible, y para muestra un botón: el sur.