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Soberbia ciega – Por Ignacio González

   

La soberbia ciega la razón y lleva a la equivocación. Eso es exactamente lo que ha pasado con la gafada ley turística canaria. La ley impide en su artículo cuatro la construcción de nuevos hoteles de cuatro estrellas en Canarias. Una determinación dudosa que levantó inmediatamente una feroz y legítima oposición en Gran Canaria, cuya planta hotelera, al contrario que la de Tenerife, apostó desde un principio por los hoteles de cinco estrellas. La crisis y la caída del poder adquisitivo de los turistas hacen ahora más atractivos para los inversores los establecimientos de cuatro estrellas, por lo que el Cabildo de Gran Canaria presentó una iniciativa legislativa ante el Parlamento de Canarias para eliminar el polémico artículo. Pero hete aquí que en Madrid, al mismo tiempo, el soberbio ministro Soria, de su propio partido, convertido en el rayo que no cesa de perjudicar a su propia gente, presentaba un recurso de inconstitucionalidad contra la que él llama despectivamente la ley de Rivero, su íntimo enemigo. Además, el ministro pedía expresamente en el recuso la suspensión de la norma autonómica, lo que produjo la automática vigencia del ordenamiento anterior, la moratoria, que impedía la construcción de todo tipo de hoteles nuevos en Canarias, de cuatro o de cinco estrellas. Así, mientras Bravo de Laguna hacia el ridículo más espantoso, una vez más, en el Parlamento de Canarias, defendiendo que se pudieran construir hoteles de cuatro estrellas, su compañero y conocido enemigo de partido, Soria, conseguía exactamente lo contrario: suspender la ley e impedir que se pueda construir ningún hotel, hasta que el Tribunal Constitucional se pronuncie sobre la constitucionalidad de la norma. El lío en el que se metió Soria sólo es explicable desde la ceguera que le produjo la soberbia y su conocida enemistad hacia Paulino Rivero, que le birló el sillón de la presidencia del Gobierno de Canarias, a pesar de que él obtuvo más votos. Mi mujer Ana me rebatía el otro día que aunque Soria fuese economista, no jurista, sus técnicos debieron advertirle de los efectos perniciosos del recurso. Ella normalmente acierta en sus intuiciones, más que yo, por lo que si los letrados le advirtieron las consecuencias del recurso y así y todo lo interpuso, entonces, además de la soberbia, habría que suponerle al ministro la mala fe. Menos se entiende el recurso, porque el presidente del Gobierno de Canarias ya había anunciado que modificaría la ley antes del verano, para posibilitar hoteles nuevos de cuatro estrellas. Lo único bueno de todo este lío, que ha puesto contra las cuerdas al sector económico más importante de Canarias, el turismo, en medio de la peor crisis económica de nuestra historia, es que mientras Bravo y Soria se peleaban, los propios empresarios hoteleros han consensuado con el Gobierno de Canarias la modificación legislativa que próximamente y como estaba previsto defenderán los grupos que apoyan al Gobierno en el Parlamento de Canarias.

Ignacio González es Presidente Federal del CCN