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Una sociedad con alzhéimer – Por Agustín M. González

   

Adolfo Suárez fue uno de los hombres más importantes de la historia de España del siglo XX. Pero parece que ha tenido que producirse su muerte para que se reconozcan sus méritos en su justa medida, aunque demasiado tarde, a mi modesto entender. Se fue tras 11 años derrotado y marginado por el alzhéimer, aunque en realidad había sido olvidado muchos años antes. Salió del Gobierno y del poder por la puerta de atrás, asediado por las divisiones internas de su partido (UCD) y la difícil situación que atravesaba el país por la sangría del terrorismo de ETA y una crisis económica galopante. En poco tiempo cayó en el anonimato y su postrera aventura al frente del CDS terminó en fracaso. “Quiéranme menos y vótenme más”, cuentan que llegó a decir en alguna ocasión.

En estos días de duelo por el expresidente me produjo una profunda tristeza ver al compungido rey Juan Carlos colocar sobre el féretro el collar de la Real y Distinguida Orden de Carlos III. Me causó tristeza no por el compungimiento real, sino porque es un reconocimiento que llega tarde, como la exagerada lluvia de elogios y parabienes de antiguos compañeros o analistas políticos. Y más que tristeza, indignación sentí al ver un vídeo que circula estos días por Internet y las redes sociales, en el que un periodista pregunta a tres jóvenes andaluces si sabían quién era Adolfo Suárez. Uno dijo que fue “alguien de la dinastía que intentó un golpe de Estado”, y otra, que era un concursante de La Voz. No es solo culpa de los jóvenes semejante nivel de ignorancia. Es evidente y preocupante que una etapa relativamente reciente y fundamental de la historia de España, como es la Transición, es una gran desconocida para sus herederos, para las nuevas generaciones nacidas ya en democracia. A Suárez lo devoró el alzhéimer y el olvido consciente de todos que quisieron pasar página rápidamente. Pero más desmemoriada y enfermiza es esta sociedad nuestra, que ni se ruboriza por ser injusta, mezquina e hipócrita con sus más grandes hombres. Ojalá el ejemplo de Adolfo Suárez quede a salvo del alzhéimer que sufre esta sociedad. Por nuestro propio bien…