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‘Sooner’ de corazón

   

JUAN S. SÁNCHEZ | Santa Cruz de Tenerife

José Antonio Salazar.

El tenista tinerfeño José Antonio Salazar. / DA

José Antonio Salazar es joven y atrevido. Su valentía le llevó en los últimos años a hacer en solitario las pruebas del circuito ATP e ITF que pudo dentro de las limitaciones económicas marcadas en un deporte exigente en esos aspectos como el tenis. Recorrió medio mundo en compañía de su equipaje, sus libros de texto y sus raquetas.

Su esfuerzo deportivo no tuvo la recompensa que pensaba, pero el académico sí. Tras liquidar el bachillerato, y dejando atrás a su familia, su tierra y sus amistades, Salazar ha dado un paso que podría parecer hacia detrás. A veces es lo mejor para coger impulso.

Salazar vive ahora el sueño americano enrolado en el equipo de tenis de la prestigiosa Oklahoma University. Allí, en los Estados Unidos, es un sooner más, pese a que este año no pueda competir dentro del torneo de la NCAA ya que en 2013 disputó torneos Futures y llegó a la universidad con 19 años, no con 18.

“La idea de venir para acá surgió pensando en que sin ayudas jugar el circuito es una ruina”, confesaba el tenista tinerfeño instalado dentro del campus de una universidad con un programa deportivo a la altura de las mejores del país.

El cambio ha sido brutal en todos los sentidos. “Aquí te dan todo, las raquetas que quieras, cordajes, ropa Nike toda la que quieras y te ayudan en todo”, cuenta un Salazar que huele a ilusión cuando reconoce que “las instalaciones son increíbles, pistas al aire libre, pistas cubiertas, gimnasio, preparadores físicos…”. Decidirse por Oklahoma University fue un dilema ya que pudo haber optado a estar becado en otros dos centros de altísimo nivel como Louisiana State University o Arkansas, otros dos programas deportivos galácticos.

Salazar estudia Business en Oklahoma y ha encontrado en el propio centro mucho apoyo para poder compaginar deporte y obligaciones académicas. “Te ayudan mucho porque saben que eres deportista, te ponen tutores particulares, te cambian exámenes”, cuenta el jugador norteño, que admite que no tiene nada que ver con lo que ocurre en España donde, desde su propia experiencia, tenía que sacrificar años para poder mantenerse activo en su trayectoria deportiva.

“En realidad aquí me tratan como a un profesional porque lo soy”, resume Salazar, que entiende que ese estatus se debe a que “estoy en el ranking de la ATP”, sin embargo, en el circuito de los Futures “te tratan como un amateur y te dan cero ayudas”.

Además de la posibilidad de hacer la carrera que deseaba, Salazar encontró otra clave para decidirse por Oklahoma University, que fue su excelente programa de trabajo además de un equipo de tenis de grandísimo nivel. “Fue lo que me terminó de convencer porque el número cuatro del equipo está clasificado en el puesto 500 de la ATP y ha podido superar una ronda en la previa del Abierto de Australia”, relata el ilusionado jugador tinerfeño que terminó de decantarse cuando supo que el equipo de tenis de los Sooners había otros dos compatriotas.

La única pega que tiene es que este año no podrá jugar el torneo universitario, pero el balance, hasta el momento, es más que positivo y no se arrepiente de haber dado el paso. Regresará a España con sus estudios terminados y un periodo de aprendizaje de cuatro años del que sacará muchas conclusiones más que positivas. Cambiará de rivales durante muchas veces y no se verá las caras siempre con los mismos jugadores del circuito de los Futures. No se estancará porque tiene poco tiempo para pensar en otras cosas que no sean sus estudios… y el tenis.

“El equipo de tenis viaja de viernes a lunes y en cada enfrentamiento se disputan tres partidos de dobles y seis de individuales”, cuenta Salazar, que considera que Oklahoma University “opta a todo claramente”. Es su opinión personal, pero está basada en que cuando empezó el campeonato los Sooners estaban clasificados en el duodécimo puesto y ahora han avanzado hasta el séptimo.

“Ganar el Big 12, nuestra conferencia, es el objetivo mínimo que tenemos ya que lo hemos ganado en los dos últimos años”, asegura el tenista orotavense que ve a la universidad de Baylor como máximo rival después de que esos dos últimos campeonatos fuera la finalista de la conferencia.

Oklahoma ha subido cinco puestos en la clasificación en esta temporada

Salazar ya se ha impregnado del carácter ganador de los norteamericanos. “Nuestro sueño es ganar la NCAA”, indica antes de reconocer que este paso “es la mejor decisión que he tomado porque a cambio del deporte estudias una carrera gratis y casi tienes el futuro garantizado”. Una vez cumplido el sueño americano el tinerfeño tiene un objetivo claro por delante. “Después de estos cuatro años aquí, mejor formado, intentaré jugar profesionalmente otra vez siendo más maduro y mejor jugador”.

Su equipo se mantiene inmerso dentro de la lucha por alcanzar el primer objetivo. Luego, los ganadores de cada conferencia y los dos mejores clasificados se jugarán el título de la NCAA. Es entonces cuando llega la locura. “Aquí el deporte es a lo grande, cuando juegas en casa vienen a verte gente que ni conoces, pero ellos a ti sí y te animan como locos, las pistas están siempre llenas de gente y así da gusto jugar”, relata un Salazar que se ha marcado otro reto en su trayectoria que es el de convertirse en el tercer tenista español de la historia que consigue el campeonato nacional de la NCAA.

Salazar cree que este año “hay muchas posibilidades de hacerlo”, y que de no ser así, en un futuro no muy lejano habrá posibilidades de convertirse en campeón del gran torneo universitario norteamericano. Mientras, el tinerfeño trabaja, aprovecha sus horas en el campus para estudiar, ponerse al día académicamente y mantener su físico. Este año no competirá, pero su periodo de aprendizaje ya está avanzado con lo que vivió en Europa durante los últimos años. Ahora, con el corazón de un sooner, vive el sueño americano.

Bajo la tutela de un grande

John Roddick, el técnico. El hermano de Andy Roddick es el entrenador de tenis de la universidad. Fue el entrenador de Andy, ex número uno de la ATP, durante cuatro años y ahora está a cargo de los 10 jugadores que forman el equipo de tenis de la citada universidad.

Nike, el gran apoyo. Zapatillas, ropa, accesorios, a los jugadores de Oklahoma University no les falta nada de material deportivo. Nike les abastece desde hace muchos años. Salazar tiene su armario lleno de equipaciones, eso sí, todas rojiblancas, el color de los Sooners.

Cordajes a granel. Romper un cordaje ya no es un trauma para Salazar. En Oklahoma University tiene disponibles los Luxilor, que en España cuestan alrededor de 25 o 30 euros cada uno. El tinerfeño reconoce que suele romper un cordaje en cada entrenamiento.

Un campus y un equipo de profesionales. Las instalaciones deportivas de la universidad, de altísimo nivel, y un equipo técnico de tres entrenadores y un fisio convencieron al tinerfeño.

Encandilado por el football. El espectáculo de los partidos de fútbol americano es algo que sorprendió a José Antonio Salazar. Los Sooners juegan en el Gaylord Family-Oklahoma Memorial Stadium, con capacidad para 82.112 espectadores. El deporte se vive a lo grande.