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Stop al turismo de la pobreza – Por Rosa Villacastín

   

Seis meses, seis, es el plazo que da el Gobierno alemán a aquellos ciudadanos europeos que vayan a ese país en busca de empleo para que lo encuentren. Una medida polémica que entrará en vigor en el mes de junio y que pone de manifiesto las dificultades de los más necesitados para moverse por la Comunidad Económica Europa, y que contrasta con las facilidades que esos mismos gobiernos dan a los más ricos para que compren mansiones, e inviertan su dinero en negocios no siempre suficientemente limpios. Lo que supone una discriminación en toda regla, por más que se intente minimizar el daño que esas restricciones tendrán entre quienes se ven obligados a abandonar su país en busca de un trabajo que les permita vivir decentemente, y entre los que se encuentran miles de españoles. La medida que ya se aplica en Bélgica, Holanda, Suiza, y Reino Unido, aunque con distinta letra, se toma, según dicen, para evitar los problemas que genera la entrada de trabajadores rumanos y búlgaros en Alemania, lo que les permite disfrutar de un generoso sistema social que en ningún caso tienen en sus lugares de origen. Dicho de otra manera, lo que está intentando hacer el Gobierno de Angela Merkel es poner coto al turismo de la pobreza, de la necesidad, de la mano de obra barata, y esto ocurre justo cuando faltan pocas semanas para que los europeos, de toda clase y condición social, vayamos a las urnas. No sé los argumentos que van a emplear los gobernantes de esos países para convencer a búlgaros, rumanos, españoles, italianos, franceses, griegos, y portugueses de que voten a los representantes de unos organismos que les están condenando a la miseria, al desempleo, a la falta de una vida digna.

No lo sé y me preocupa ese sentimiento tan extendido de que todos los inmigrantes son unos desalmados, personas sin escrúpulos, vagos, vaguísimos, que abandonan a su familia, a sus padres, a sus hermanos, solo para aprovecharse de las bondades de un Estado del Bienestar que hace aguas por los cuatro costados. Dice la líder del Frente Nacional francés Marine Le Pen respecto a la entrada de inmigrantes en Ceuta y Melilla que la única manera de acabar con el problema es negarles la asistencia sanitaria, y agrego yo, y a ser posible también el pan y la sal… Todos sabemos que el tema de la inmigración es un tema complejo, difícil, que se ha visto agravado por la grave crisis que estamos padeciendo y que está dejando en la estacada a miles, millones de familias que han perdido sus empleos; de niños que tienen que acudir a los comedores sociales para no morir de hambre, de ancianos que ven recortados sus derechos, y a los que la pensión ya no da para tapar tantos agujeros como tiene su familia, pero no creo que la solución esté en ponerle puertas al campo, y si no tiempo al tiempo.