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Ten-air o no Ten-air – Por Jorge Marichal

   

En las últimas fechas hemos contribuido a levantar un debate muy interesante sobre la conveniencia, yo diría necesidad, de que Canarias cuente con cierta participación sobre la conectividad aérea en las Islas, vital para nosotros. Ha habido comentarios de muy diversa índole, algunos positivos, pero sentimos especialmente que el empresariado de Gran Canaria haya optado por desistir de este proyecto común, basándose en que en estos momentos tenemos muy buenas cifras de turistas, un planteamiento que considero un grave error. Porque es precisamente ahora cuando la oportunidad existe y es más conveniente que nunca. Es ahora, cuando el mercado nacional ha tocado fondo e iniciado tímidamente su tendencia al alza, cuando se abre una magnífica puerta para hacer historia y empezar a ser dueños de nuestro destino. La caída de Spanair, Marsans y Orizonia ha dejado un hueco en el mercado que algunos, muy atentos, se han propuesto llenar. Ese es el caso del grupo Barceló con su nueva línea Evelop y las minoristas Vaivai, de la mano del incansable Subías.En Canarias existen algunos grupos empresariales sobradamente capitalizados y que tienen la capacidad de liderar este proyecto. De hecho, ya lo intentaron y fracasaron. Fracasaron porque al contrario que ahora eligieron mercados internacionales en los que las dificultades y la competencia eran y siguen siendo extremas. Creo que en ellos radica la responsabilidad de tirar del carro, que sería aconsejable que mostrasen más interés por la integración vertical del negocio y no por la horizontal, que a veces se lleva a cabo a través de extrañas artes financieras y bancarias que, desde luego, dan muestra de una moral confusa. En el caso de Tenerife, hemos mantenido numerosas conversaciones en las que admitimos esa necesidad y lo bueno y estratégico que sería para nuestra economía una mayor competencia en las rutas con la Península.

Pero al final solo se manifiestan dificultades que, si las repartiéramos entre muchos, el esfuerzo no sería elevado. Pensemos que para los peninsulares, sin el descuento del 50 %, Canarias se ha convertido en un destino de lujo y volar a las Islas cuesta no menos de 350 euros. Si a esto le sumamos el resto de partidas de unas vacaciones acabamos igualando el precio de una semana en el Caribe con viaje, hotel y todo incluido. Pensemos también en los canarios, que a pesar de esa bonificación hemos sufrido incrementos en los billetes de más del 30% en los últimos años, lo que nos aleja socialmente del territorio peninsular. No olvidemos tampoco que nuestra Constitución consagra la igualdad entre todos los españoles, un objetivo que el Estado debe garantizar a través de las comunicaciones entre Canarias y la Península y que lamentablemente no se cumple.

En la situación actual de oligopolio controlado tenemos un claro panorama en el que las compañías están haciendo el agosto. ¡Ojo! y es legítimo que lo hagan, pues se dedican a ganar dinero. Esas compañías se deben a su propio interés y no al interés general. Por supuesto que el nuevo proyecto que perseguimos desde Ashotel tiene la misma meta de ganar dinero, pero con vocación y motivación canaria. En este negocio, como en la vida misma existen dos clases de personas: las que esperan que las cosas pasen y las que hacen que las cosas pasen. Tenemos dos opciones: estarnos quietos, recibiendo los clientes que nos mandan otros, administrando estos años buenos y acabar mendigando en los despachos de Madrid y de media Europa por clientes a un precio ridículo, o empezar a ser dueños de nuestro propio destino, implementando las políticas empresariales que nos permitan montar las estructuras para ir a buscar a esos clientes con la certeza de que poseemos un destino turístico excelente a nivel mundial. Claro que no es un negocio fácil, como se encargan de recordarnos algunos día sí y día también, es un negocio muy competitivo y mucha gente se ha arruinado. Pero también hay casos de éxito de empresarios salidos desde abajo con mucho tesón, trabajo y esfuerzo y que inicialmente no sabían nada del sector. ¡Bravo por ellos! Estos son los que hacen que las cosas pasen. ¿Cree alguien que es fácil invertir en un hotel y estar luego a merced de los turoperadores para intentar sobrevivir? Pues ellos, los turoperadores, sí han integrado verticalmente sus negocios. Controlan toda la cadena de valor desde que el cliente entra en su agencia hasta que regresa a su casa. No solo la controlan, sino que además sacan partido de todos y cada uno de los movimientos de su cliente durante su periodo vacacional. Poseen agencias de viaje, portales .com, flota aérea, incomings y, desde hace ya tiempo, cómo no, hoteles. Esa es la razón por la cual estas empresas se han decantado por realizar sus inversiones inmobiliarias en destinos con mayor rentabilidad que el nuestro, aunque, como se ha demostrado, mucho más inestables. Son propietarios de grandes cadenas hoteleras en países competidores como Grecia y Egipto. Que a nadie le quepa la menor duda de que en cuanto así lo consideren volverán a enfocar el morro de sus aviones a donde mayor rentabilidad obtengan y todos sabemos que Canarias no es uno de esos destinos. Nosotros somos un refugio en el que mantienen la operativa en invierno y en verano van a ganar dinero al Mediterráneo. Dicho por ellos, somos bread and butter (pan y mantequilla). Que nadie se asuste entonces cuando los episodios geopolíticos se normalicen y volvamos a pasarlo mal aquí. En fin, quizá para algunos soy una persona demasiado joven e inexperta en los negocios, pero tengo muchísimas ganas de hacer que las cosas pasen y veamos crecer esta tierra. Reflexionemos y movámonos. Estoy seguro de que entre todos acabaremos por sentirnos satisfechos. Demos el paso, quizá ahora, quizá más tarde, pero démoslo.

Jorge Marichal es PRESIDENTE DE ASHOTEL