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Luces y sombras>

Vanguardia tropical – Por Pedro H. Murillo

   

La postmodernidad nos dejó la banalización de conceptos como “cultura” en donde todo se cifraba en posturas apocalípticas e integradas. En primer lugar, se encontraban los que proclamaban la muerte de la cultura debido a su desacralización mientras que otros saludaban la democratización de un concepto, hasta bien entrado el pasado siglo, exclusivo y elitista. En un paroxismo semántico insoportable comenzamos la adjetivación más demencial. Durante años nos dejamos llevar y llegamos a la conclusión antropológica de que todo es cultura. Así, hay una cultura del vino, de los perros, caza, urbana, rural, del cuerpo, del baño, sexo, bricolaje, masculina y femenina e incluso de todo el árbol zoológico y de los zombis. En este último caso existe un delicioso ensayo sobre la cultura zombi editado por Anagrama con el que se puede reír un rato. A esta ceremonia de la confusión ahora a nuestros administradores les ha dado por nombrar consejos de sabios para justificar las más absurdas acciones políticas. Este es el caso del Consejo de Cultura de Canarias, que se reunirá dos veces al año y del qué desconozco el montante económico que supondrá. El principal objetivo de este Consejo, del cual forman parte algunos profesionales que respeto, es velar por el cumplimiento de la Estrategia de Cultura de Canarias. Sí, como lo leen, tenemos una estrategia, un plan para administrar este desierto desesperante consistente fundamentalmente en que los artistas con talento mendiguen subvenciones que degluten sólo un selecto núcleo de súbditos y que se vean obligados a exiliarse al exterior o traficar con sus obras para evitar los impuestos aduaneros. De ahí que no me sorprenda en absoluto que en esa esclerótica y absurda estrategia se encuentre el director de la Radio Televisión Canaria. De hecho, el ente público, según esa estrategia, tiene la función, además de la evidente propaganda, la de “acercar la cultura al conjunto de la población y estimular el consumo de los bienes culturales”. Por el momento, es notorio que cumple con su mandato en cuanto al concepto de cultura que tiene este nacionalismo ramplón: exaltar nimiedades, retransmitir romerías y revitalizar el género del Western de serie B. Todo ello es aderezado con unas dosis masivas de paroxismo verbenero a base de golpes de pecho tropicales y un par de documentales convenientemente filtrados. Así las cosas, recomiendo al ínclito recién creado Consejo de Sabios que se reúnan en un guachinche para cumplir con creces esa estrategia tan pop que tiene nuestro gobierno.