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¡Váyase, señor Brito! – Por María Fresno

   

La hemeroteca de un periódico es la memoria de una sociedad. Ahí está reflejada toda la vida de un pueblo: sus tragedias y sus alegrías. Por desgracia, recurrimos a ella pocas veces. En esta ocasión, con motivo del fallecimiento de Adolfo Suárez, buscamos en el archivo del DIARIO imágenes de sus visitas a la Isla durante su etapa de presidente. De todas las fotografías que encontramos me quedé con una: el expresidente paseando por las instalaciones del lago Martiánez, en el Puerto de la Cruz, acompañado del alcalde de la ciudad turística. Y ¿quién era? Marcos Brito. Es decir, que 35 años después, sigue estando en el mismo puesto el mismo político. Eso sí, con intervalos, menos mal. Esta imagen que prueba la degradación de la política, una actividad que la mayoría de los que se dedican a ella considera una profesión y no una vocación temporal. De hecho, hay algunos políticos que no tienen actividad profesional alguna. Alguien que se dedique a la política debe tener una preparación mínima y una cualidad, a mi juicio esencial: la empatía. Las demás se les presupone. Si un político es incapaz de ponerse en el lugar de a quien gobierna y cree que el poder lo ampara debe irse a su casa. Y este es el caso de Marcos Brito. Lo que está ocurriendo en el Puerto de la Cruz es de juzgado de guardia. Que unos vecinos estén más de 19 días sin agua potable en sus casas y que desde la alcaldía no se haga nada es simplemente inaudito. Las razones que han llevado a esta situación podrán resolverse más tarde. Las empresas municipales, desde siempre, se han dedicado a cargar sus mermas sobre los ciudadanos sin que los ayuntamientos hagan nada. Al Puerto de la Cruz lo han ido matando turísticamente con decisiones desarcertadas que se han tomado bajo intereses muy alejados de los portuenses. Y lo digo claramente: si no estuviera el Loro Parque, por allí no pasarían sino colegios y el Imserso. Ahora, además, quieren modificar el paseo de San Telmo, lugar que conozco muy bien porque nací a pocos metros. Es lo que se llama gobernar entre las cuatro paredes del Ayuntamiento de la calle Santo Domingo, y no rodeado de vecinos de Las Dehesas, La Vera, la plaza del Charco, la calle Mequinez, la avenida, el Botánico o el Taoro, entre otros. Me da tristeza ver cómo pésimas decisiones políticas están llevando al Puerto al olvido. Por eso, aunque no soy política, pero sí del Puerto de la Cruz, le digo a su alcalde: ¡váyase, señor Brito! Lleva muchos años en política. Debería tomar ejemplo de un caballero de la política como fue Adolfo Suárez.