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El vídeo brutal – Por Luis Del Val

   

Procuro mantenerme alejado del sector nauseabundo de la Red, pero hay ocasiones en que la insistencia de compañeros y amigos te lleva hasta lo que quieres evitar. Una niña de 14 años le propina una paliza brutal a otra de la misma edad. El motivo es muy trascendente: la golpeada es sospechosa de que ha hablado mal de la golpeadora. Cuando escribo “paliza brutal” sé lo que escribo. Podría haber puesto despiadada, bestial o bárbara. Estremece contemplar el vídeo: patadas en la boca, en la cara, sujeción de la cabeza para golpear el pavimento con el cráneo… Es una secuencia terrible, demoledora. Las compañeras graban la salvajada con el móvil. Solo se inmutan para decir que hay gente que lo está viendo, y algún “María, María, déjalo”. María es la feroz atacante. La víctima podría haber muerto, no se defiende, solo grita lastimeramente. Las compañeras de la monstruosa agresión cuelgan lo grabado en la Red para que el mundo vea la animalada que puede cometer una cría de 14 años, sin que la gente que pasa a su alrededor se inmute, y sin que otras crías atiendan a otra cosa que no sea lo importante: grabar la execrable y repugnante paliza. Tanto la pobre víctima como la desbocada agresora podrían ser nuestra hija, nuestra sobrina, nuestra nieta, nuestra vecina… No es un hecho aislado. El acoso en los centros escolares, la abominable brutalidad, está a la orden del día. Los profesores no se quieren meter en problemas personales, las direcciones de los centros optan por tapar lo que pueden hasta que el descrédito por omisión les inunda, y las víctimas prefieren callarse para evitar nuevas agresiones. No es un círculo vicioso, sino una repugnancia en que la cobardía de unos y la mal entendida prudencia de otros está alimentando la proliferación de abominables conductas. Mirar hacia otro lado es ser cómplice de todo esto. ¿Qué clase de sociedad estamos construyendo, cuando las crías de 14 años están convencidas de que la violencia vomitiva es solo un espectáculo para Internet? ¿De verdad pensamos que hay asuntos más importantes que este? ¿Y cómo es posible que se pueda llegar al borde del homicidio, a la luz del sol, en plena calle, sin que nadie se sienta aludido? ¿En esta clase de país vivimos?