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Viento y fastidio – Por Román Delgado

   

Ayer me dio por pensar, tras el susto que se propagó como agua fluidísima por barranco bien empinado después del famoso tuit de nuestro querido 1-1-2, que tan tremendo viento que sopla con fuerza desde el jueves a primera hora de la tarde, el que levantó la nueva borrasca que aún hoy nos castiga, debió acercarse a nuestras costas mucho antes, al menos con una o dos jornadas de adelanto. De esta manera, y ya saben por qué, nos hubiéramos evitado algunos sustos, disgustos, desmayos, sofocones y alergias, muchos más o muchos menos dependiendo del seguidor político que se hallara con el cortado en la barra del mismo bar, también atento a la narración con imágenes en directo de la TVAC. Si el viento, incluso más fuerte, hubiera amerizado el miércoles pasado a buena hora, seguro que una alerta de las gordas hubiera echado por tierra el inicio del magno debate sobre el estado de la nacionalidad canaria. Con viento tan fuerte en ese estratégico día, el tuit del 1-1-2 no hubiera sido fallido, que lo difícil es equivocarse cuando la tempestad revienta tus mismos ventanales y puertas. Entonces ese mensaje digital habría cabalgado, con cabeza en alto y actitud chulesca, por las cada vez más difíciles de recordar, por muchas que son, redes y redes, algunas con nombres hasta impronunciables. Aquel tuit del 1-1-2, el supuesto del miércoles a primera hora, con alerta de que aquí no se mueva nadie si quiere evitarse un buen revolcón, era el regalo que más esperaba por varias razones, con la principal de que hubiera anulado, suspendido, retrasado o prorrogado el maldito debate. Pero no pudo ser: esta vez la borrasca entró, como siempre, cuando le dio la real gana y, en vez de jodernos a todos, lo que sí hubiera pasado de haberse metido el miércoles (con los políticos en el paquete de los fastidiados), al final todo quedó en nada: en más de lo mismo para los sufridos ciudadanos, que, con paraguas y sombrillas que hicieron de techos con goteras, se pasaron el jueves y el viernes dando bandazos y dibujando imágenes risueñas y ridículas en calles y plazas, con escenas de horror ante peluquines que volaban lanzados desde el centro de determinados corros. La borrasca llegó cuando quiso, y ello sólo contribuyó a que nos jodiéramos los mismos, y mucho. Lo ideal, que incluso así lo hubiera preferido el 1-1-2 (un suponer), habría sido que el viento, el agua cruzada y la mar brava hubieran anulado el desfile de los que no resuelven nada.

@gromandelgadog