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Acebiños y raíles en Barlovento – Por Wladimiro Rodríguez Brito*

   

La cultura del agua en Canarias nos indica una historia cargada de esfuerzo, de imaginación; la historia de un pueblo que ha luchado por conseguir lo que la naturaleza le ha negado. El agua nunca ha sido abundante en las islas Canarias, y las sequías han sido frecuentes en nuestros campos. Nuestra gente, pobre en recursos, realizó obras heroicas sin apenas medios, siendo los brazos y la voluntad de superación los principales aliados para pasar de la sed al agua.

Un ejemplo de tanto esfuerzo y sacrificio es el pueblo de Barlovento, en La Palma. Allí se ha pasado de no tener agua para beber en 1948, abasteciendo la población con agua en bidones desde el vecino pueblo de Los Sauces, a disponer de la abundancia actual en caudal y canalizaciones.

Sean estas líneas de homenaje a los que han construido 13 galerías en Barlovento. Son unos 50 kilómetros perforados, que aportan más de 1.500 pipas de agua por hora, riqueza infravalorada por las nuevas generaciones. Les dirigimos surcos de papel, surcos que queremos dedicar a don Eulalio Pérez Hernández por ser el mayor maestro en conocimiento sobre galerías de Barlovento. Trabajó en numerosas galerías, participando también en las directivas y la gestión de numerosas comunidades.

Gracias a su saber, podemos rememorar la penuria de recursos económicos y la autarquía de la posguerra. Se tuvo que recurrir en esa época a los supuestos raíles de acebiño, puesto que no había recursos económicos para más. Se compraban los ejes y las ruedas de las vagonetas, unido a la dinamita y el carburo, los pistoletes, la fragua y la mandarria. El resto se improvisaba con los medios disponibles; en vez de raíles de hierro, varas de acebiño sobre la que hacían circular una vagoneta con los escombros de la galería empujados con tracción humana. Esta situación se mantuvo en numerosas galerías, alcanzando a perforar hasta 20 metros de túnel de sección 1,6 x1,8 metros cada mes, con dos cuadrillas turnándose.

Cuenta don Eulalio cómo en las galerías de la Adelfa o en El Capricho perforaron miles de metros bajo estas pobres condiciones, utilizado básicamente los brazos. En otros casos, las galerías ya disponían de compresor y de raíles, como ocurrió en la galería que dio los primeros alumbramientos en Barlovento, la galería de la Faya en el año 1949. El esfuerzo de un amplio colectivo permite que hoy sea Barlovento de los pueblos más ricos de Canarias en agua, con unos 50 kilómetros perforados y algo más de seis millones de metros cúbicos por año, aproximadamente el 10% de las aguas en La Palma. Los Tocaderos, una de las galerías más profundas de Canarias, con 6.600 metros, dio agua tras sesenta años de perforación. Además, los caudales no sufren apenas mermas, produciendo el líquido elemento más del 90% de las galerías perforadas.

La actual crisis social y económica ha devaluado la cultura del mundo rural, empobreciéndose el municipio. Hoy Barlovento tiene menos población que en el siglo XIX: en 1894 tenía 2.089 habitantes y en 1950, con el auge de la perforación de las galerías, 3.500 habitantes. Actualmente, es posible que no se alcancen los 2.000 habitantes de hecho. Barlovento, produciendo el 10% del agua de La Palma, tiene el 2% de su población. Estos datos deben hacernos pensar sobre la crisis social y ambiental que genera el actual modelo económico y cultural en Barlovento y en las Islas. Tenemos recursos ociosos, no sólo en agua, sino en tierras cultivables y, a pesar de ello, la población continúa en el paro. Se han creado bancos de alimentos en numerosos municipios de La Palma, mientras que las tierras carecen de surcos y los campos permanecen sin sementera. La Palma tiene una cosecha de parados de las más altas de su historia. No hay una sola medicina para la actual situación social, cultural y económica. Los que han perforado las galerías pagando la cuota con los huevos de las gallinas o el queso de la cabra no podían concebir una situación en la que el agua iba a carecer de quien regara los campos.

La situación de Barlovento pone de manifiesto que las alternativas a la situación actual no pueden continuar por los actuales carriles, aunque éstos sean de hierro. El modelo actual tiene raíles de acebiño para el campo, mientras que el modelo urbano dominante habla de rallies automovilísticos, ignorando la cultura del ayer, básico para entender el hoy y el mañana. Es urgente otra política agraria y social en Canarias. Otro campo es posible, dignificando el trabajo y la cultura rural, con un modelo económico y social que garantice unos ingresos mínimos y otra cultura hacia la agricultura y la ganadería en Canarias.

*DOCTOR EN GEOGRAFÍA POR LA UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA