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luces y sombras>

Ácrata mimoso – Por Pedro H. Murillo

   

Quizás pierda a muchas amistades de izquierdas tras esta columna pero lo que está ocurriendo en Venezuela y las justificaciones que escucho a diario al respecto me tienen indignado. Desconozco el por qué de esa actitud beatífica de la que se adorna un sector de la progresiva por la que todo lo negativo que acontezca en Cuba o Venezuela es producto, no de gobiernos dictatoriales y corruptos, sino de la larga mano negra imperialista. Que los yanquis tienen mucho que ver en mantener al hemisferio Sur desangrado es cierto, pero no todo es “rojo” lo que reluce. El régimen de Castro es una dictadura y eso  es un hecho incuestionable, tenga o no tenga la mejor Sanidad del Planeta y resulta patético el santificar un modo de vida basada en la supervivencia y una alegría de afrontar la vida como sí fueran logros revolucionarios. Los cubanos sobreviven y despliegan inventiva a pesar del Castrismo. El caso de Venezuela, es aún peor. es la piedra de toque de muchos considerados progresistas. ¿Cómo es posible que permanezcan ciegos ante las salvajadas que está padeciendo el pueblo venezolano?. Hace menos de una semana, Amnistía Internacional hacia público un informe en el que denunciaba la treintena de muertes de ciudadanos venezolanos a manos de policías y grupos paramilitares. Todas ellas se registraron en manifestaciones contrarias al régimen chavista y la mayoría por arma de fuego. Muchos hacen propia la versión del Gobierno de Nicolás Maduró por la que acusa a los medios de comunicación de desvirtuar la realidad del conflicto. Sin embargo, el informe de Amnistía Internacional es demoledor ya que no sólo denuncia las muertes de manifestantes, en su mayoría estudiantes, sino que informa de torturas sistemáticas por parte de la Policía. Del mismo modo, colegas periodistas venezolanos también informan de ataques brutales a la libertad de expresión y atentados contra todos aquellos considerados desafectos al régimen. Lo que me resulta lamentable es comprobar cómo muchos individuos de izquierdas intentan justificar una situación injustificable y que poco tiene que ver con la democracia. Esta actitud me ha conllevado a un sinfín de discusiones con muchos colegas progresistas a los que desconcierto a menudo. Y es que por alguna razón, para los de derechas soy un radical extraño y para los de izquierdas un liberal. Buenos, a quién le importa. En realidad lo que no saben es que soy un entrañable anarquista mimoso.