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Adolfo Suarez: Un hombre excepcional – Por Mª Esther Hernández Padilla*

   

En primer lugar mi más sentida condolencia a su familia y, después, a todos los centristas que le apoyaron y le siguieron lealmente, que lloran su muerte y sienten sinceramente la marcha de un líder excepcional y carismático, como no sé si volverá a haber otro igual: Adolfo Suárez, un nombre para la Historia.

A finales de 1975 y comienzos de 1976, en los albores del cambio, la inmensa mayoría vivíamos con expectación e incertidumbre la marcha de los acontecimientos en nuestro país. En julio de 1976 irrumpe en los medios la noticia del nombramiento del nuevo Presidente. El Rey Don Juan Carlos, pieza clave también en la Transición, tuvo el acierto, yo diría providencial, de elegir a Adolfo Suárez para liderar el cambio. Con su tono de voz, con un discurso convincente, joven y, por qué no decirlo, con un gran atractivo personal, con aquella mirada directa que transmitía serenidad y confianza.

J. P. Pérez Llorca, diputado y ministro de UCD, lo definía en estos días pasados con cuatro palabras: inteligente, generoso, decidido y valiente.
Emotivas y certeras fueron las palabras del Obispo de Ávila en la homilía de su funeral: “hombre de convicciones cristianas, sabía escuchar, tenía capacidad para afrontar situaciones difíciles, capacidad analítica y para el diálogo, responsabilidad, mesura, respecto a los demás, hizo de dos pueblos uno….”.

Trasladó sus valores personales, su bonhomía, a su quehacer político y, por eso, resultó un éxito por y para el conjunto de la sociedad española. Marcó un estilo y una forma de hacer creíble la política.

Que concurrieron otros actores, claro que sí, pero sin la aportación de sus cualidades humanas el resultado en tan poco tiempo no hubiera sido el mismo para llevar a buen puerto un proceso tan complejo en sus propios antecedentes. Es Adolfo Suárez quien asume el riesgo personal y directo de pilotar la Transición, esa etapa tan apasionante. Logró la reconciliación que hizo posible el advenimiento de la Democracia y, con ella, los derechos, deberes y libertades que elevan nuestra dignidad de ciudadanos. Y se abre para España la etapa más larga de paz y de progreso.
La segunda mitad del pasado siglo XX dio al mundo grandes líderes, cada uno en el contexto de la realidad de su país y de su tiempo.

Transmitieron grandes ideas que ayudaron a transformar la realidad que les tocó vivir y que han sido una inspiración para la humanidad. Nos hicieron creer en la esperanza de que el mundo puede ser mejor.
Hoy el mundo necesitado de estos liderazgos vuelve su mirada a ellos, que son referentes importantes de honestidad, sacrificio (hasta su propia vida), gran altura de miras, el interés general por encima de todo y visión de futuro.

No haré en este escrito referencias personales de cómo viví la etapa de UCD y de manera especial mis vivencias como militante activa en el CDS, las cuales me dieron la oportunidad de conocer personalmente a Adolfo Suárez. Hoy, al ver el sentido reconocimiento que especialmente los ciudadanos y ciudadanas de este país le han rendido, me lleva a pensar que los que nos unimos a su causa no estuvimos equivocados en la elección. La obra de Suàrez y su figura –hoy patrimonio de todos-, trascienden y sobrevuela a las mezquindades e incomprensiones de otros tiempos. Ha cobrado su verdadera dimensión. Me sorprendió la hipocresía de quienes les hicieron críticas despiadadas y hoy lo elogian. Pero pensado enclave suarista, quizá el espíritu de concordia, aunque tarde, haya impregnado sus conciencias.

Gracias, mil gracias por ese cambio pacífico que propició y que nos abrió las puertas de la prosperidad y del progreso.

Me alegra saber que antes de que su enfermedad nublara su memoria fue consciente de que su entrega valió la pena.

Que estará siempre en nuestro recuerdo, en la memoria colectiva para siempre.

Allí donde se encuentre esa certeza existencial que es la eternidad, descanse en paz junto a los que tanto quiso.

*Expresidenta Insular del CDS La Gomera.