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De Aguere a Roma – Por Domingo J. Jorge

   

Menudo revuelo se ha formado en La Laguna, y parte del extranjero, esta semana por el viaje que se ha realizado para participar en la ceremonia en honor de nuestro paisano San José de Anchieta. Si se formara igual dislate por los viajes que se montan todos los años a Fitur, lo entendería, pero lo que resulta incomprensible, es que se quiera dar color político a algo que sobre todo consiste en dejar bien la imagen de nuestra tierra, que por cierto, por otras muchas cosas, que no vienen al caso, está bastante deteriorada. Lo que ha sucedido aquí, sencillamente, es que a unos pocos eso de que La Laguna sea grande por una figura eclesial, no les pinta muy bien. No nos dejemos engañar. Es así y también el que los representantes públicos formen parte, y hasta participen, en un acto litúrgico como el que aconteció el jueves en el Vaticano. Suena a ganas de rizar el rizo, por decirlo de alguna manera. Resulta que La Laguna cuenta con la suerte de tener -Tenerife, Canarias, y España también- a un ciudadano, ilustre de la cultura y la Iglesia, que ha sido nombrado Santo, y aquí por lo que nos preocupamos, es por si el séquito lo formaban 20, 25, o 100. Qué cosas. ¿Se han puesto a pensar cuántos viajan a Fitur todos los años? Se han parado a vislumbrar, ¿cuántos cargos públicos, o acólitos de éstos, de todos los colores políticos, viajan a Fitur, y solo lo hacen con el único fin de paseo, y no de promoción turística y generar dineros para esta tierra?

Lo simpático es que el viaje de los representantes públicos que hayan ido, cada uno sabrá si debía estar o no, es necesario. Por lo pronto, en cualquier acto en el que se reconozca la valía de un lagunero, de un tinerfeño o un canario, imagino que habrá de contarse con representación pública de la localidad del laureado. Cuando se entrega algo, a alguien, van familiares y autoridades. De este calibre, entiéndase, mucho más. También hay quien se ha dedicado a decir, ¿por qué no se me invitó a mí? No sé, yo cuando quiero ir a misa, o a cualquier acto litúrgico, voy, no me tienen que invitar. En la Iglesia el participar es gratis. Que le pregunten a su partido por qué no estaba.