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Un año más, gracias – Por Fernando Clavijo Batlle*

   

La Laguna termina hoy de vivir su semana más intensa. Miles de laguneros han recibido con los brazos abiertos a quienes nos han visitado y han compartido con ellos una intensa agenda marcada por la religión y la tradición. Ha sido una semana de procesiones, pasos, cofrades y liturgias que aquí, como en muy pocos sitios, se vive de una forma especialísima, en la que se combina devoción con amor a nuestras tradiciones. Los laguneros nos sentimos orgullosos de nuestra Semana Santa y nos gusta compartirla, porque entendemos que tenemos una responsabilidad con este enorme legado de tradiciones y patrimonio único que hemos heredado, y por eso intentamos superarnos año a año, difundiéndolo y manteniéndolo vivo para que las futuras generaciones puedan seguir sintiéndose orgullosas de él.

Y esta Semana Santa que culmina hoy, Domingo de Resurrección, ha sido una vez más muestra de ese excepcional ambiente de recogimiento que envuelve La Laguna en estas fechas. Cientos de personas han participado en los distintos actos religiosos que se han ido celebrando tal y como se celebraban hace décadas, compartiendo con sus hijos los mismos momentos que antes ellos mismos compartieron con sus antecesores, siendo, en definitiva, hilos conductores de un acervo de tradiciones que han convertido a La Laguna en la capital de la Semana Santa canaria.

Pero ese legado, ese ambiente que envuelve a La Laguna, no sería posible sin el trabajo entregado de muchas personas. Desde el propio Obispado hasta los miembros de las Hermandades y Cofradías, en la Junta que los representa, hombres y mujeres que se desviven durante todo el año parar preparar las parroquias y los tronos y para mantener vivas las costumbres, cuidando siempre la organización y el mantenimiento de las mismas; sin ellos no sería posible la Semana Santa lagunera. La implicación, el trabajo y la devoción de estas personas es lo que hace posible que La Laguna haya vivido una semana tan especial como ésta. Sin esa labor, que muchas veces pasa inadvertida, las calles de este municipio no podrían haber sido testigos de los momentos de emoción que hemos vivido; de ese silencio y recogimiento; de esa sensación única que se tiene mientras, rodeado de gente, se ve pasar la imagen venerada.

Quisiera, también, agradecer el trabajo del personal municipal, implicado siempre con esta ciudad, trabajando en la sombra y desviviéndose para que nada falle y todos los actos religiosos se celebren con normalidad. Sin ellos, tampoco sería posible la Semana Santa lagunera. Y, por supuesto, a las instituciones, a los comerciantes, a la ciudadanía; a los laguneros y laguneras que son la esencia misma de esta cita centenaria, sus guardianes y garantes. Este año, además, ha sido especial gracias a la reapertura al público de la centenaria Catedral. El templo principal ha vuelto a ocupar el lugar de culto y esplendor que le corresponde, recuperando recorridos que tuvieron que ser modificados durante su cierre. Orgullosos, los laguneros hemos podido recuperar su uso y esta Semana Santa ha sido, si cabe, más especial gracias a ello. También hemos tenido la alegría de celebrar la canonización del primer santo nacido en La Laguna, San José de Anchieta, como un regalo más para estas fechas.

Este Domingo de Resurrección no me queda más que decirles a todos lo que han hecho posible, una vez más, que La Laguna renueve el milagro: de corazón, gracias.

*ALCALDE DE LA LAGUNA