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Apología de Álamo – Por Román Delgado

   

La casualidad quiso que yo conociera a Fernando Álamo, aunque por mediación de Nuria y su notable idea de hacer periodismo de otra manera, tirándonos al vacío. Ocurrió en un día oscuro, en una terraza de la calle de La Noria, un lugar vulgar y sencillo (no como la creación plástica de este gran artista nacido en Tenerife) y junto a algunos conocidos, no muchos entonces, pero sí ante gente que son caudales de ideas, motores revolucionados que no paran de recorrer y de convencerse de que, pese a la que cae y a las dificultades que se hallan por el camino, la transformación y el viaje hacia la ética, el arte, el placer y la coherencia aún son posibles y además necesarios. Aquel día gris, en una breve pero desestresante sobremesa, en aquella terraza deshabitada de La Noria, en un espacio nada artístico, salvo por la huella de los presentes, … allí, allí mismo, vi en persona y por primera vez al pintor Fernando Álamo, un tipo grande, enorme (y es verdad), visto desde mi pequeñez heredada de padre y madre; enérgico, suelto, hablador, noooormal y pareciendo que sabía disfrutar de la vida. Esto ocurrió hace no más de dos años, o quizás sí, pero no mucho más, y fue entonces, junto a esos amigos, todos reunidos en torno a un proyecto de letras (también arte, por supuesto) sobre la contribución creativa de Álamo al edificio de Presidencia del Gobierno de Canarias (la sede de Santa Cruz, obra de AMP Arquitectos), cuando nos dimos la mano de forma inaugural. A Fernando Álamo lo conocía de antes, por supuesto, pero sólo a través de su obra: espléndida, singular, con sello propio, con recorrido que deja una estela continua, con voluntad de abrir caminos sin abandonar su universo personal, hecho que consolida día tras día… Además, hace semanas, por razones que no vienen a cuento, ¿o sí…? (sí vienen al caso), tuve la oportunidad de volver a charlar con él como ahora mismo parece que más se dialoga: a través de medios digitales. La excusa fue aproximarme a la obra que aún cuelga en el Espacio Cultural CajaCanarias, en Santa Cruz, donde exhibe la muestra Fernando Álamo 2004-2013 y ahora, más tras este Premio Canarias de Bellas Artes, ya no hay excusa que evite ir a verlo. En ese reciente intercambio de mensajes, que mañana se podrán leer en este mismo diario, Álamo subraya que es un tipo sencillo, grande, y además un inmenso artista. Luego, sólo unos días después, alguien me llamó para pedirme su móvil por la noticia de esta magnífica distinción. Estallé de alegría, que bien merecido se tiene el premio este tinerfeño con doble alma, una de canarión. Enhorabuena, Fernando, y gracias por lo que ya nos has dado con tu arte y magia personal, y también por lo que nos haces hablar y soñar desde tus creaciones. Como tú dices, arte que “nos haga la vida mejor”. Razón tienes… ¡Bien, joder!

@gromandelgadog