X
reflexión>

La autocaravana – Por Juan Pedro Rivero*

   

Si estos días nos damos un paseo por la costa de nuestras islas nos resultarán familiares la cantidad de autocaravanas que flanquean cualquier playa o cala insular. Las hay de muchos tipos, con más o menos capacidad, con mayores o menores servicios a bordo…, pero todas con la pretensión de ofrecer al usuario la posibilidad de acampar y pasar unos días en un ambiente sin estrés, vinculado a la naturaleza, en el que reponerse de los agobios ordinarios en estas minivacaciones. Es el hábito del caracol. Experimentar que nos movemos con la casa a cuesta y unir a este estilo de descanso la incomodidad como efecto terapéutico. Sí, es curioso. Nos desestresa la vivencia de la precariedad. Renunciar a las acostumbradas comodidades y descubrir que uno es capaz de pasarlo bien con muchísimas menos cosas de las que aparentemente usamos. Es, de alguna manera, un ayuno cuaresmal. Cuánto bien le hace a un joven una acampada. Con cuántas menos cosas se puede disfrutar… Pareciera que se confirma la dimensión antropológica de la necesidad de austeridad expresada en tradiciones religiosas como el “ramadán” o la “cuaresma” como itinerarios de purificación y de toma de contacto con la necesidad de eliminar lo sobrante de una vida insolidaria y excesivamente pendiente de lo material. Le hace falta al espíritu humano tomar contacto con lo espiritual, lo encontremos manifestado en la naturaleza que nos desborda o en los elementos celebrativos. Tal vez una autocaravana aparcada estos días en nuestras costas pudiera contemplarse como un sacramental, como un signo externo de la demanda espiritual que precisamos. Una catarsis que los católicos experimentamos cada vez que conmemoramos que Jesús lo perdió todo, se quedó sin nada, para concedernos la totalidad y plenitud al resto. Eso celebramos en tantos pasos procesionales de la Semana Santa. Para mí existe la certeza, ese ámbito en el que todas las demandas de nuestro espíritu quedan alcanzadas. Cuando en la noche del Sábado Santo las tinieblas se rompan por la débil fuerza de un cirio bendecido, la certeza celebrada de la Resurrección de Jesús generará un impulso de esperanza que corresponde al deseo profundo de nuestro corazón.
Entonces ya toda la vida será vivida en una autocaravana en la que todos cabremos.

*RECTOR DEL SEMINARIO DIOCESANO
@juanpedrorivero