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Aznar estorba – Por Fermín Bocos

   

Pasan de él. Quienes en Madrid han diseñado la agenda de la campaña electoral del PP para las elecciones al Parlamento Europeo, le obviaron. Aunque oficialmente la campaña la dirigen desde el partido -González Pons, Floriano- siguiendo las instrucciones técnicas de Pedro Arriola, es impensable que Mariano Rajoy no haya sido consultado acerca de la exclusión de José María Aznar de los mítines electorales. Para evitar equívocos respecto de las tradicionales y, por lo general, farisaicas excusas relacionadas con supuestas “incompatibilidades de agenda”, el expresidente del Gobierno ha sido claro y ha dicho que le habría gustado participar en alguno de los mítines de su amigo Miguel Arias Cañete, “número uno” de la lista de los populares.

Estamos pues ante una decisión política. Muy política. No es nueva. Se suma a otra de parecida naturaleza fechada hace un par de meses cuando a la presentación de la segunda entrega del libro de memorias de Aznar no asistieron ni ministros ni dirigentes populares de relieve. Hay dos formas de aproximarse a la noticia a la hora de buscar una posible explicación. La más obvia es que desde la actual dirección del PP (Mariano Rajoy y adláteres) entiendan que les perjudica la compañía explícita de Aznar, dado que el expresidente está siendo muy crítico con algunas de las políticas del Gobierno. Esencialmente en relación con el “problema catalán”. Con la deriva separatista que a su entender no está recibiendo una réplica política adecuada y proporcional a la magnitud del desafío que entraña. Los seguidores de Aznar (en el partido y en algunos medios) critican que Rajoy haya optado por un respuesta intencionadamente calma. Una política que pretende no alimentar el victimismo de Artur Mas y que defiende que la respuesta al desafío sea lo dispuesto en el ordenamiento legal. Ni menos, ni más. En esta discrepancia de criterio podría estar la clave para explicar la exclusión de Aznar. Pero puede que no sea la única. Puede que haya que bucear en otras.

Decía Emil Ciorán que la primera preocupación de quien se adueña del poder es hacer desaparecer de la foto de familia a sus amigos, a quienes han recorrido a su lado el mismo camino. No soportan a nadie ni al lado, ni arriba. Zapatero ninguneó a Felipe González; ahora es Rajoy quien ignora a Aznar. Quizá todo se deba a que en la política, como en tantos otros registros de la vida, los saberes ajenos estorban.