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Baldomera García – Por Luis Ortega

   

Nos falta una reflexión serena del pasado, porque la sombra de los hechos humanos, no admite rencores, ni revanchas, cobros de deudas añejas y restituciones imposibles a daños irreparables; precisa memoria y justicia en tanto esta sea posible, que no es poco. En el emblemático guarismo del 14 de abril, que suelta nostalgias e iras inútiles, evocamos la efeméride de la primera mujer que ocupó una alcaldía en Canarias. Un grupo de seis alumnos del Centro de Formación Profesional César Manrique, dirigidos por la profesora Teresa Bricio, construyeron, a partir de recuerdos y testimonios, de convicción y sacrificio, el breve tránsito de la tacorontera Baldomera María García Fuentes, maestra de escuela y ferviente republicana, por el Ayuntamiento de El Sauzal. Las dificultades y carencias para afrontar el rodaje se suplieron con el entusiasmo de los autores de la iniciativa y con la acogida emocionada de los vecinos de Ravelo, donde ejerció un magisterio heroico que, sin exigirlo en el programa, incluía también una instrucción cívica y preceptos de aplicación diaria para una población que, en los años treinta, compartía las mayores cotas de analfabetismo del estado con Galicia y Andalucía. Entonces, por la desigual distribución de la riqueza, las islas, y especialmente en el medio rural, vivían en condiciones miserables y, por ayudar a la supervivencia, los menores se incorporaban al trabajo en cuanto tenían fuerzas para manejar los aperos. Tacorontera de nacimiento, la ejemplar docente tiene calle en los dos municipios vecinos y en el estreno de “Los niños de la alcaldesa”, en el pasado 8 de marzo y con motivo del Día de la Mujer, sus familiares -hija, nietos nietos y biznietos- pudieron comprobar que la historia no es la mera relación de los hechos vividos, sino los que un pueblo recuerda y cómo los recuerda. Baldomera accedió a la alcaldía en su condición de la funcionaria “de menor edad que prestaba servicios públicos en el pueblo”. Con veinticinco años, ocupó el cargo y tuvo como norte de su actuación la búsqueda de recursos económicos para afrontar las necesidades locales y la imposición a los padres para que los niños asistieran a la escuela. Un suceso, según cuenta Gabriela Gulesserian, determinó su salida voluntaria del consistorio: el incendio intencionado del archivo municipal que se saldó con dos detenciones y con la pérdida de gran parte de la historia local. Dimitió de modo irrevocable, después de tres meses en el cargo y, más tarde, se trasladó a vivir con su esposo -Juan Caballero Rodríguez- a Gran Canaria; regresó una década después a Tenerife, pero nunca volvió a ejercer la carrera.