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La canonización del apóstol de Brasil – Por Francisco González Luis

   

Hace diecisiete años, en la semana del 9 al 14 de junio de 1997, la Universidad de La Laguna recordaba con un Congreso Internacional el IV centenario de la muerte del lagunero padre Anchieta en el “aldeamento” indio de Reritiba (hoy ciudad Anchieta) a 70 kilómetros de Vitoria, capital del estado federal de Espíritu Santo. A este congreso le siguieron otros, el mismo año 1997 en la Universidad de São Paulo y en Coimbra al siguiente año 1998, que celebraba la matrícula del “canario de Coimbra” en el Colegio das Artes de la Universidad. El fruto de estos congresos y de algunos otros que ocurrieron por entonces se puede reconocer en la abundante bibliografía que se está produciendo en estos años de principios del siglo sobre la prolífica obra del nuevo santo jesuita y de aspectos de su azarosa vida, por medio de diversos proyectos de investigación, tesis doctorales y disertaciones de máster, especialmente en las universidades brasileñas. En definitiva, puede afirmarse que en este comienzo del siglo XXI Anchieta ha entrado con todos los honores en las universidades y, cada vez más, el estudio y la investigación de su vida y obra interesan a más personas.También en los medios eclesiásticos de Brasil y entre los jesuitas brasileños se creyó que el IV centenario del fallecimiento del padre Anchieta podría ser un momento propicio para verlo por fin en el canon de los santos, pero la ocasión pasó y, en el transcurso del tiempo, algunos de sus compañeros de beatificación (el 22 de junio de 1980), como nuestro Santo Hermano Pedro de Betancurt, alcanzaron merecidamente su inclusión en la lista universal de los santos.

El hecho es que no ha sido difícil observar en este comienzo del siglo una especie de desaliento por parte de quienes llevan tiempo con el deseo de ver a Anchieta en los altares como santo, abatimiento causado posiblemente por la muerte de los nonagenarios tres grandes valedores de Anchieta, los jesuitas Armando Cardoso, Hélio Abranches Viotti y el vicepostulador de la causa Murillo Moutinho. Como es conocido, en las exequias del jesuita canario, al día siguiente de su muerte, el administrador apostólico de Rio de Janeiro lo proclamó Apóstol del Brasil e inmediatamente después (1597) se escribieron sus dos primeras hagiografías. Todo el siglo XVII transcurrió entre procesos apostólicos diocesanos, ordenados y distribuidos por la sagrada congregación de ritos según un decreto del propio papa Urbano VIII de 22 de abril de 1624, fecha que se señala como la del inicio de la causa y en la que Anchieta recibe el título de “siervo de Dios”.

Sin pasar demasiado tiempo, en 1628 aparecen las primeras adhesiones a la causa de Anchieta desde las Islas Canarias: se trata de un escrito del obispo don Cristóbal de Cámara y Murga que se guarda en el Archivo Secreto del Vaticano. En 1631 se pide a Roma por parte del mismo obispo de Canarias y de los cabildos de Tenerife (entonces en La Laguna) y de Gran Canaria que se nombrara Patrono del Archipiélago Canario al padre José de Anchieta. Un siglo más tarde, en el cabildo del 6 de agosto de 1735, el Ayuntamiento de La Laguna acordó que los Caballeros de Corte hicieran la petición al Papa de elevar a los altares al jesuita canario. Tal petición fue apoyada también por el cabildo de la isla de La Palma y por el cabildo catedralicio de la catedral de Las Palmas.

Después de los 120 años transcurridos desde el aludido comienzo de la causa, el 10 de agosto de 1736 se nos presenta una primera señal de progreso que merece destacarse. En ese día el papa Clemente XII, mediante un decreto, establece que “constaban las virtudes heroicas del Venerable Siervo de Dios José de Anchieta”, por lo que nuestro Anchieta recibe el título de “venerable”. Por la expulsión de los jesuitas de España y Portugal y la supresión en 1773 de La Compañía de Jesús por el papa Clemente XIV, todas las causas de los santos jesuitas sufren la consiguiente paralización. Una vez restablecida la Orden de los jesuitas (1814) se vuelve a pedir la reapertura del proceso desde Brasil. Y con motivo de las conmemoraciones del III Centenario del fallecimiento de Anchieta (1897) se intensificaron las peticiones ante el papa León XIII. Una década antes (1887) se había hecho la primera impresión de una obra de Anchieta en Tenerife, la edición del Poema Mariano, por obra de los profesores del Seminario Conciliar de La Laguna para ofrecérsela al mencionado Papa en sus bodas de oro sacerdotales.

Así llegamos, para no alargarme más, a la carta apostólica por la que, poco antes de su renuncia, el papa Benedicto XVI convocaba a los jóvenes de todo el mundo a asistir a la Jornada Mundial de la Juventud en Rio de Janeiro y en la que colocaba a nuestro joven hermano jesuita Anchieta, de 19 años, como uno de los modelos de evangelizador para la juventud actual.

El papa Francisco, siguiendo la estela de su antecesor, hizo lo demás. Por supuesto, que los obispos de Brasil (pasan de trecientos), reunidos en las distintas conferencias episcopales, le escribieron al papa en agosto de 2013, después de las felices jornadas, para pedirle la canonización de Anchieta una vez más, como llevan haciéndolo casi cuatrocientos años. Y el papa Francisco los oyó.