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Cardúmenes humanos – Por Paco Déniz

   

Normalmente la palabra cardumen se refiere al conjunto de peces con su pez piloto al frente, o a un lado, según la dirección que tome. Una dirección que depende de la comida, de los peligros, de las oportunidades, de la supervivencia…, probablemente de todo un poco.

También hay cardúmenes humanos. Durante la burbuja inmobiliaria vimos grandes masas obreras que se desplazaban por el mundo en busca de un salario, provocando la recolonización de muchas zonas, algunos intercambios culturales y la apertura de restaurantes de comidas típicas. Un albañil boliviano me contó que él no venía de Bolivia, sino que vivió toda su vida en los arrabales argentinos, luego se desplazó a Italia (al revés que Marco y Amedio) y recaló en las Islas, porque había mucha construcción. En su periplo, él y los de su condición habían hecho de todo con el objetivo de sobrevivir. Igual que ahora las bandadas de canarios se posan en Inglaterra.

Luego están los cardúmenes de creyentes que se mueven y se desplazan a los lugares y eventos santos, como ha sucedido en la autodenominada Semana Santa. Procesiones pretendidamente martirizantes y estupendamente televisadas han recorrido nuestras calles en una demostración de fuerza del partido católico conservador para llamar la atención de los políticos sobre su potencial electoral, por si alguno se desvía de favorecer los intereses episcopales. Y, si no, vean la cantidad de boberías que se han dicho y se dirán sobre la santificación del padre Anchieta. Ser santo para terminar como reclamo turístico y comercial no parece muy católico. Pero en fin, allá ellos con su moral y sus vacaciones en Roma. Cardúmenes vacacionales que abarrotan playas ínfimas que desaparecen cuando sube la marea convirtiéndonos a todos en lobos marinos alterados y sulfurosos. Cardúmenes de gente empobrecida gracias a elementos como Blesa, Rato y Florentino. En fin, que por una razón u otra, y a menos que seas un pez piloto, durante casi toda nuestra vida nos movemos en medio de la manada. Cardumeando, porque sólo los ricos y aforados se pueden permitir el lujo de una soledad confortable, lo demás es propaganda. De todas maneras, no todo tiene que ser sofocante en el cardumen. Me imagino que también tendrá sus virtudes. ¿O será mucho imaginar?