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Caridad con las sobras – Por María Fresno

   

La caridad es una de las tres virtudes teologales, junto con la esperanza y la fe, por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Se trata de una actitud solidaria con el necesitado. Hay una lista interminable de gente que, a diario, practica la caridad desde el anonimato y sin esperar nada a cambio. Los hay que todos los días ayudan al que lo necesita y no lo hacen público, pero también los hay que ayudan al prójimo a golpe de titular. La propuesta del Parlamento de Canarias de repartir la comida que sobra en los comedores escolares entre las familias necesitadas es precisamente un ejemplo de ello. Más allá de la buena voluntad de la idea (que no dudo) lo cierto es que se pone sobre la mesa sabiendo que es un auténtico despropósito. Primero porque, a día de hoy, en los colegios sobra muy poca comida; y segundo, porque no se tiene ni idea de cómo se va a hacer. ¿Se pone en un tupper la comida sobrante de las bandejas y los calderos y se reparte ese mismo día? ¿Se entregan solamente los productos no pereceros, como por ejemplo, los yogures? ¿Se espera a que las familias vengan al centro y se les da la comida? Hay muchas preguntas en una iniciativa que, en el fondo, no tiene ninguna respuesta. La desigualdad debe existir para poder sostener el sistema. Unos somos mejores en unas cosas, y otros en otra, y así se llega a compensar un Estado donde el objetivo es que todos lleguemos al mismo lugar: el bienestar. Sin embargo, la crisis económica lo que ha provocado es que estas desigualdades crezcan. Ha situado un auténtico abismo entre la clase alta y la baja, tambaleando la clase media. La limosna, un verdadero acto de fe, se ha convertido, por parte de algunos, en un titular. Si realmente los diputados lo que quieren es ayudar a los más alejados a llegar a la meta del bienestar podrían, por ejemplo, repartir sus dietas por asistencia a plenos y comisiones entre las organizaciones benéficas que ayudan diariamente a miles de familias. Podrían ponerse de acuerdo en hacer leyes para que estas desigualdades no fueran tan grandes. Jugar con la dignidad de todos aquellos que lo están pasando mal diciéndoles que no se preocupen que habrá sobras para todos, me parece un acto indigno y demagógico propio de la casta política que okupa el Parlamento de Canarias. Y todavía cuando se les dice que los ciudadanos quieren saber en qué gastan los diputados el sueldo público, que no el procedente de sus actividades privadas, alegan: ¡Bueno, bueno, no hay que pasarse! La caridad, solo con las sobras.

@MariaFresno72