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Colocaciones – Por Jorge Bethencourt

   

Al ministro Soria le ha caído una lluvia ácida por haber colocado en una empresa pública algunos cargos canarios de su confianza. La colocación digital está por todo el mundo pero aquí, desde que los ex ministros se iban al consejo de Iberia, hemos sido unos adelantados. Los partidos políticos son, además de esenciales para la democracia, una colosal agencia de empleo.

Cuando, allá por los 80, la administración central entregó a las autonomías fondos y personal para dar los servicios de Sanidad o Educación, las comunidades autónomas empezaron a crecer como champiñones y a engordar sus plantillas. Surgieron las empresas y los entes públicos. Y el Estado de las autonomías se consolidó, trayendo algunos innegables beneficios que hoy se han ido a freír puñetas. Tres décadas y pico después, la administración central que se vació de competencias tiene el doble de personal de cuando empezó el proceso de transferencias. Para que luego hablen de los misterios de Fátima.

Una de las promesas del PP antes de su llegada al gobierno era, precisamente, realizar una profunda reforma del sector público. Pero a la hora de meterle mano a la burocracia, todo el mundo se lo hace en los pantalones.

Con el 12% de la población mundial y un peso del 25% en la economía global, los europeos concentran el 50% de todo el gasto social del planeta. Es el llamado Estado del Bienestar. Pero no ha impedido que Suecia haya reformado su sector público, que casi todos los países de la UE hayan reducido el número de sus municipios o que Italia, hace muy poco, se haya cargado las provincias italianas para ahorrar 800 millones de euros. Aquí cuando estábamos en lo peor de la crisis, las administraciones públicas contrataron 300.000 personas más.
Contamos con los mejores ingenieros del mundo; no hay más que ver los puentes que se construyen en increíble alarde sobre los festivos del calendario. En este país vivimos el día del libro todo el año. El día del “yo libro” cuando no es por una cosa, por la otra. Nos saltamos las colas si podemos. Si se equivocan al darnos la vuelta de una compra, nos callamos… No. La noticia no es que el ministro de Industria tenga enchufados -al fin y al cabo controla el mercado eléctrico- porque los tiene todo el mundo. La noticia es que no es noticia.