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Compromiso prefabricado – Por Saray Encinoso

   

“Ojalá sintieras el miedo que generas. Ojalá que lo sintieras. Puedes intentar que te perdone Dios”. El último tema de Amaral acaba de salir y su estribillo ya promete repetirse hasta la saciedad y copar las radiofórmulas del país. Las letras, que desprenden una fuerte carga ideológica, han calado en una sociedad que parece pedir a gritos una banda sonora que deje constancia musical de su época. Muchos han aplaudido la iniciativa, como si la canción de autor, de denuncia social, se hubiera evaporado en los tiempos de bonanza y fuera ahora el momento de reinventarse. El alegato en contra de la clase política, sin embargo, no ha recibido solo halagos, también intensas críticas que tachan de oportunistas a los integrantes de la banda de pop-rock. La pregunta, más allá de los prejuicios de cada cual, de las expectativas creadas, del deterioro de la industria musical y de la propia crisis económica, es otra: ¿el compromiso debe ser inherente a la profesión? ¿Deben los músicos ejercer como líderes morales y ser capaces de analizar cada hecho de nuestra realidad?

Hay trovadores que han sabido elegir los acordes perfectos para las letras de las canciones que creyeron más apropiadas para su tiempo. La Nueva Trova Cubana, con Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola como estandartes, es un ejemplo muy evidente. Pero hay muchísimos más artistas que, adscritos a un movimiento o no, hicieron lo propio. Desde Charly García, que en Argentina denunció la dictadura militar sin necesidad de nombrarla, hasta Patti Smith, Bob Marley, Bob Dylan o John Lennon. La lista sería interminable. También la de otros que no necesitaron, no quisieron o no supieron hacer denuncia social detrás de un micrófono.

La mayoría de las entrevistas a las que tienen que enfrentarse los músicos están plagadas de cuestiones políticas. Se da por hecho que llevan en la cartera un carné ideológico o que, al menos, saben discernir entre el bien y el mal. Qué curioso. La mayoría de las personas sensatas e inteligentes mantienen unos valores férreos, pero son incapaces de no arrastrar dudas sobre casi todo lo importante. No creo que los músicos deban ser líderes morales de la sociedad. Habrá quien quiera y pueda serlo, quien decida solo darnos lo mejor que sabe hacer y otros, demasiados, que nos machaquen los oídos con incomprensibles superéxitos. Que hagan buena música es mi único requisito.

@sarayencinoso