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El Congreso oye pero no escucha – Por Francisco Muro de Iscar

   

No hay que tener miedo a las reformas, todo lo contrario, pero un cambio legislativo no garantiza que las cosas vayan a funcionar mejor en la sociedad. A veces sucede todo lo contrario, crea problemas en lugar de resolverlos. Eso sucede en la educación cuando la ideología se impone sobre la pedagogía. O en la economía cuando el afán desregulador sucede a la obsesión reguladora, o al revés, que el péndulo va de un lado para otro.

Cuando se habla de la Justicia, el problema es mucho más grave. España ha sufrido una hemorragia legislativa y es muy difícil manejarse en esa selva, sobre todo cuando los legisladores, nacionales o autonómicos, están dispuestos a no dejar títere con cabeza. “Cada vez que se deroga o se reduce el ámbito de aplicación de una figura delictiva hay once veces en las que se amplían o se crean nuevas figuras delictivas”. “Cada vez que se elimina o se reduce la duración de una pena privativa de libertad hay cuatro veces y pico en que se crean penas privativas de libertad nuevas o se incrementa su duración”.

“Nuestro nivel de delincuencia es el menor de todos los países (europeos), a pesar de lo cual nuestro sistema penal se ha ido endureciendo progresivamente… y nuestra tasa de estancia media en prisión es extremadamente elevada. Duplicamos la estancia media en prisión de Francia o de Italia y casi triplicamos la de Alemania”. Todo esto, y muchas cosas más, las dijo el catedrático de la Universidad de Málaga en una sesión de la Comisión de Justicia del Congreso ante representantes de todos los partidos en torno a la reforma del Código Penal emprendida por el Gobierno. ¿Servirán para algo? Hay tres cosas más, de las que dijo el catedrático que deberían hacer reflexionar a políticos y ciudadanos:

1.- Europa es una excusa casi siempre. “En 2010 se produjeron 40 modificaciones de los delitos sexuales, pero sólo 2 de las 40 venían exigidas por la directiva de la Unión Europea”. Eso sucede en muchas trasposiciones de directivas. Europa como pretexto.

2.- No se aportan en la mayor parte de los casos las memorias o informes preceptivos sobre el impacto económico o normativo de estos cambios legislativos ni se realizan evaluaciones a posteriori de la efectividad o de la eficiencia de las normas cambiadas. El cambio es el fin en sí mismo.

3.- No es el Parlamento el que decide. Lo hace el ministro que, en la mayor parte de los casos, no pregunta a los afectados ni dialoga con los sectores que van a sufrir la reforma, mientras los diputados, del color que sean, votan en función de la disciplina impuesta. Votar y callar.

Las voces de alerta, las opiniones sociales a veces llegan al Congreso. Pero su efectividad es reducida. ¿Oyen pero no escuchan? Llámenlo como quieran.