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Crítica, elogio y tobogán – Por Pedro Calvo Hernando

   

Para que la crítica sea creíble es necesario saber también elogiar al criticado cuando lo merezca. Lo digo por la saludable reacción del Gobierno, en boca de su vicepresidenta, frente a las increíbles propuestas de la alcaldesa y el presidente de Madrid, apoyados por el ministro del Interior, al propugnar un recorte sustancial en el derecho de manifestación, que desearían hacer desaparecer del mapa prácticamente. La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, con gesto y con voz firmes, desautorizaba a sus tres compañeros de partido, uno de ellos también compañero de Gobierno, asegurando que el Ejecutivo ni siquiera se ha planteado aquella posibilidad restrictiva. Pues eso, que con la misma convicción con la que critico al Gobierno y al PP cuando se lo merecen, les reconozco sus aciertos cuando de ello se hacen acreedores. Hacer lo contrario es puro sectarismo, conducta impropia para cualquier comunicador, y no digamos si se las da de independiente, sea cual sea la legítima y particular inclinación de su pensamiento. Conducta impropia y falta de respeto a lectores y oyentes. En el caso que me ocupa, además, estamos en el ámbito de la llamada Ley Fernández, el proyecto de ley de Seguridad, que intenta introducir mecanismos restrictivos naturalmente coincidentes con Botella y González. A eso se ha opuesto todo el pensamiento libre de este país e incluso el Consejo del Poder Judicial, de forma unánime, la ha censurado y la ha tachado de inconstitucional en algunos de sus artículos más importantes. Esa es la crítica. El elogio es que el Gobierno, a la vista de las reacciones, se ha comprometido a introducir modificaciones en el texto. Pues eso. Sospecho que esa ley no irá adelante, y pienso lo mismo de la reforma de la justicia universal, el otro gran anacoluto gubernamental en esas materias, esta vez de la fuente gallardoniana. Seguramente se andarán con ojo, que además las elecciones europeas están ahí y después enseguida vendrán las municipales y autonómicas y luego las generales. Ya hemos entrado en ese tobogán que tanto nos excita a los españoles.