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el revés y el derecho>

No le digo a usted que no – Juan Cruz

   

No te digo que no, amigo Juan Manuel, pero inténtalo. Saldrás trasquilado si lo haces como periodista, porque aquellos del mundo en el que ahora te hallas no te dejarán respirar. Y si lo haces como político y te comportas como los que están alrededor, saldrás trasquilado también, porque no lo soportarías. Los de tu propia bancada te dirán que protestes, y ellos mismos, si fueron zaheridos en programas así, saltarían ofendidos. Inténtalo. Una de las cosas que falta entre nosotros, hablo de los canarios sobre todo, es sentido del humor, y por tanto sentido de la autocrítica, en nuestros trabajos, en nuestras pasiones y en nuestra convivencia cotidiana. Hacemos humor en carnavales porque llevamos careta, y hacemos humor a costa de otros. Pero que no nos toquen. Hace falta mucha cintura para aceptar las chanzas ajenas, pero tenemos manga ancha para reírnos del prójimo. El humor político se desarrolla en Inglaterra, en Francia, en Estados Unidos, porque esas son sociedades democráticas en las que los propios políticos se prestan al juego de reírse de sí mismos. Y ya ves cómo son entre nosotros (en Canarias y fuera de Canarias, en España) los políticos, con cuánta solemnidad se comportan, de qué manera visten los ropajes de sus cargos, hasta qué punto jamás se salen de sus cauces para comportarse como ciudadanos normales y corrientes. Mira lo que ha pasado ahora en Madrid con Esperanza Aguirre, incapaz de aceptar que la multen los vigilantes del tráfico urbano en la ciudad en la que una vez mandó, y tanto que mandó. El humor político debe ser una aspiración, en las televisiones y en las radios. Tú te preguntas por qué no se hace. Creo que ahí te he dejado algunas claves. Y sólo se me ocurre una más, que ya está al principio de esta respuesta: intenta hacerlo, o intenta que lo hagan. Entonces te darás cuenta de por qué hasta ahora es imposible.