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Documentos para no especular – Por David Sanz

   

Los dos están encantados del protagonismo que han cobrado estas últimas semanas. La una, Pilar Urbano, porque va a multiplicar la venta de libros hasta el infinito y más allá, sin aportar nada o casi nada nuevo al estudio de la Transición, ni arrojar algo más de luz sobre el fallido golpe de Estado del 23 F, sino meras especulaciones. El otro, Suárez Illana, porque se ha convertido por un tiempo en icono de portada de periódicos y revistas, campaña que puso en marcha con el lamentable anuncio de la muerte de su padre, de cuya memoria se ha erigido en sumo sacerdote sin que nadie se lo haya pedido. Los documentos que entregó el pasado domingo al diario El Mundo, aclaran todavía menos las tesis que defiende la periodista, biógrafa de la reina, en su oportunismo libro para hacer caja sobre el expresidente Suárez. Sorprende también el desmedido cierre de filas en torno a la defensa del monarca que se ha realizado por parte de políticos y periodistas, como el caso de Cebrián, que no quería perderse también formar parte de esta fiesta de recuerdos sobre la transición, en la que existe demasiados vedetismo, mientras que la información, veraz y contrastada, brilla por su ausencia. ¿Qué puede poner fin a tanta especulación? ¿Quién está legitimado para poner a cada uno en su sitio en esta parte tan fundamental de la historia reciente de nuestro país? Pues ni el político, ni el periodista, ni el familiar de turno que lo único que quiere es atraer los focos.

Ya lo decía el recordado Javier Tusell, que sobre la Transición española existían más trabajos de sociólogos que historiadores. Pero también es cierto que el historiador se encuentra ante una muralla infranqueable a la hora de analizar lo que ocurrió de verdad en aquella jornada clave de la joven democracia española: la documentación oficial sobre el golpe de estado de Tejero que todavía sigue baje secreto. Sin esa documentación, será muy difícil emitir un análisis cierto de qué papel jugó realmente cada uno de los personajes. La desclasificación de esta documentación, sobre la que ni siquiera se conoce un mínimo listado, está protegida por una ley de secretos que se remonta a 1968, muy democrática ella. Es lamentable que en un tiempo prudencial de un cuarto de siglo no haya una desclasificación automática de los papeles. El ocultismo solo alienta la especulación y pone cerco a la verdad.