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Dulce ya conduce su propia empresa

   
Dulce Carrillo tiene todos los permisos de conducción desde los 21 años. / DA

Dulce Carrillo tiene todos los permisos de conducción desde los 21 años. / DA

DIARIO DE AVISOS | Santa Cruz de Tenerife

Hace seis meses, a Dulce Carrillo, una mujer enamorada del volante, le tocó atravesar un oscuro túnel: la enfermedad de su padre y la pérdida de su trabajo como profesora de formación vial. “Hice la promesa -recuerda ella misma- de que si mi padre se recuperaba montaba mi propia autoescuela”. Y así fue. Cumplió su sueño este mes de abril, un proyecto empresarial que acaba de hacer realidad en el barrio capitalino de Los Alisios con la ayuda del Cabildo de Tenerife, que le asesoró y ayudó a conseguir la financiación adecuada a su perfil.

“Cuando decidí abrir mi empresa, me daba miedo el papeleo y no tener fondos. Aún me debían dinero del trabajo anterior, donde no cobraba con regularidad”. En este escenario, y gracias al consejo de otra compañera, Dulce acudió a la Fundación Insular para la Formación, el Empleo y el Desarrollo Empresarial (Fifede) donde le indicaron cómo obtener fondos para abrir su autoescuela; en su caso mediante la tramitación del pago único y la gestión de una subvención para el fomento del empleo autónomo de 7.000 euros por ser mujer desempleada.

Ayuda de Fifede

Con el asesoramiento, tramitación y gestión de ayudas, el Cabildo de Tenerife, a través de Fifede, materializa uno de los objetivos del Plan Insular de Fomento al Emprendimiento que pasa por evitar que la excesiva burocracia y el desconocimiento obstaculicen la creación de empresas. Fruto de esta labor, el Cabildo ha colaborado en la puesta en marcha de 196 empresas a lo largo del pasado año 2013, lo que supuso la generación de 432 puestos de trabajo fijos. En tiempo, Fifede tramitó ayudas por un importe superior 1.030.000 euros. Especial importancia tuvo para Dulce Carrillo el apoyo prestado por sus padres para abrir su autoescuela. De hecho, la elección de la fecha de inauguración, el 14-4-2014, no fue casual: “El 4 es el número favorito de mi padre”, dice emocionada, al tiempo que confirma que la ilusión de poner en marcha este centro le ha servido a su progenitor, Antonio Díaz, de recuperación. “Ha sido su terapia”, confirma. Mientras los alumnos de su clase teórica abandonan el centro, ella asegura que tiene ya 40 alumnos. “A muchos los conocí por mi trabajo anterior en Añaza”, explica. Con 45 años, esta chicharrera, separada y madre de una chica de 18 años, sabía que, en el contexto de recesión actual, era muy complicado que la contrataran; sin embargo, tenía claro que para salir adelante tenía que hacerlo por sí misma.
Aunque no lleva ni un mes con la autoescuela abierta, asegura estar feliz, pese a que trabaja ella sola desde las siete de la mañana y, a veces, hasta las nueve de la noche. Anima a emprender a las personas desempleadas; eso sí, aclara, “si conoces lo que haces y eres un profesional”.

Desde luego, tuvo clara su vocación por el volante desde muy joven. A los 21 años tenía ya todos los permisos de conducción de vehículos, que mostraba entonces su orgulloso padre. “Cuando aprobé el primero, me di cuenta de que me gustaba este mundo y fui a por los siguientes”, asegura Dulce, quien lleva 27 años vinculada a las autoescuelas y nueve años como profesora.

Hoy, a su larga lista de carnés de conducción, puede añadir el de empresaria. Con la ilusión que le transmite su familia, su amor por la formación vial y el dinero del paro capitalizado, esta santacrucera pudo abrir su empresa sin recurrir a los bancos, de quienes no esperaba recibir ayuda: “Mi padre siempre me ha dicho que un banco es aquel que en el invierno te quita el paraguas y te lo vende en verano”. Los frutos de esta pequeña autoescuela, cuyo eslogan es “Conduce con Dulce”, son muchos en apenas quince días: un gran apoyo familiar, un servicio inexistente en el barrio y una vocación profesional menos truncada por el desempleo.