X
el dardo > Leopoldo Fernández

En Babia – Por Leopoldo Fernández

   

En una sociedad democrática como la nuestra, se supone que el Parlamento de Canarias es el máximo órgano de representación de los intereses políticos, económicos y sociales de los ciudadanos de la comunidad autónoma. Y que además de ejercer la labor de control del Gobierno regional, debate sobre aquellos asuntos que teóricamente ofrecen el mayor interés general y, a su amparo, elabora las leyes correspondientes, proyectando todos estos quehaceres hacia la sociedad. Pues bien, nuestros diputados se ocupan de cuestiones de apego a la ciudadanía, faltaría más; pero ocurre que la temática que seleccionan para estudio y debate no suele coincidir con la que persiguen los ciudadanos, seguramente porque parece que se ha establecido un muro de incomprensión entre representantes y representados, como si los primeros vivieran en un mundo aparte y quedaran al margen de las principales preocupaciones colectivas.

Un ejemplo de ello es la aprobación, esta misma semana -¡y por unanimidad del pleno de la cámara legislativa!-, de una solicitud al gobierno autonómico para que ponga en marcha una línea marítima regular de pasajeros entre el Puerto de la Cruz y Santa Cruz de La Palma. Esta iniciativa, una proposición no de ley instada desde el PP, tiene más de electoralista y demagógica que posibilidades reales de cumplimiento. Las razones son obvias: ni existe demanda suficiente, ni hay líneas marítimas interesadas en su montaje, ni -lo que es más grave- las actuales infraestructuras portuarias de las poblaciones que se pretenden unir por mar reúnen las condiciones necesarias para el fin que se persigue, especialmente la ciudad turística. Como guinda del pastel, hasta se reclama que el Puerto de la Cruz pueda recibir cruceros y rutas estables de embarcaciones rápidas, además -esto sí que tiene gracia- de que se plantee una línea de cruceros que haga escala en todos los puertos del archipiélago. Un despropósito de principio a fin. Ni se ha planificado la ampliación y mejora de infraestructuras portuarias, ni existe partida económica para hacerlo, ni la zona portuense -muy profunda, abierta al mar y al azote de grandes olas- reúne condiciones de seguridad y abrigo para una obra muy costosa y de dudosa rentabilidad. De ser necesaria la línea marítima que se demanda, podría afrontarse desde ahora mismo, y con todas las garantías, pero desde la propia capital de la isla de Tenerife, no desde el Puerto de la Cruz, que ya está unida a la capital palmera. Estamos por tanto ante un brindis al sol, una petición absurda, por imposible. Tan imposible como, por ejemplo, pedir que no se extraiga el petróleo de Canarias, en el caso de que exista en nuestro mar. Definitivamente, nuestros políticos están en Babia.