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Estado de sitio – Ylka Tapia

   

Ser mujer y conciliar tu carrera profesional entre dos mundos tan singulares y variopintos como son el periodismo y la mercadotecnia en los medios digitales -hablemos, pues, en castellano para no caer en el falso tecnicismo- no es tarea fácil. Me explico: el primero, profesión en la mayoría de las ocasiones escogida por vocación, pero denostada y moribunda por culpa de la crisis publicitaria; y, el segundo, conformado por paredones donde, y a pesar de lo fácil que es actualmente dejar una huella digital, sus participantes actúan alegremente convencidos de su impunidad tras una pantalla. Más, cuando el objetivo son individuas. Sí, en femenino. Y no lo digo yo, la Guardia Civil asegura que las mujeres son el blanco de la mayoría de los delitos relacionados con el acoso a través de Internet.

La Universidad de La Laguna, Universitat Oberta de Catalunya y la UNED son las instituciones en las que me he ido especializando en comunicación tanto en estos medios como fuera de ellos. No obstante, no existen mejores espacios como los foros, chats y otro tipo de plataformas para observar el estado de sitio en el que se ha convertido la Red por culpa, siempre, de una minoría de tipo obsesiva. Sin embargo, y a pesar de haber estado quince años participando activamente y haber lidiado con auténticas fierecillas en las comunidades en línea (sobre todo en los videojuegos multijugador), no deja de sorprenderme cómo ha traspasado la misoginia las barreras físicas, llegando a normalizarse tristemente en algunos círculos sociales.

En este sentido, Luna Miguel, escritora y redactora en PlayGround Magazine, publicó un vídeo de la norteamericana Rachel Holdin, articulista, para debatir el porqué del desprecio (odio) hacia la mujer por parte de los trolls. La teoría y a veces práctica dice que lo más efectivo es “don’t feed”, es decir, ignorarlos, siendo ineficaz cuando se produce de manera sistemática y se alarga en el tiempo. En este caso, solo queda denunciar o confrontar la situación, por lo que los manuales y códigos de conducta en la Web quedan, una vez más, invalidados por lo impetuoso del carácter humano.

@malalua