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Francisco García del Rey – Antonio Portero Soro

   

En la mañana de este jueves, 10 de abril, desde Pinto, un pueblo castellano que bien recordabas en tu citar memorístico de La venganza de Don Mendo, y desde una residencia donde mi mujer agota, inválida total, su tramo final de visa, como ya venía haciendo, te llamé por el móvil y no tuve tu respuesta. Pensé entonces, como en tantas otras veces, estarías en el hospital recibiendo las dosis de esas infames plaquetas que de devolvían por breve tiempo a la vida. Me equivocaba, ya no eran necesarias. Te fuiste sin más, dejándonos como prenda el ejemplo valeroso de un aceptar el mal, sufrirlo y mostrar a todos cuantos en tu vida hemos sido amigos de verdad, que somos muchos y , muy en particular, a tu familia, ese talante envidiable del hombre que nada teme y sabe afrontar la muerte con la ejemplar serenidad del ser creyente. ¡Paco!, nos has dejado lo más hermoso que podías ofrecernos: tu sentido real de la vida, tu optimismo permanente, tu unción inquebrantable a esa singular familia por ti creada; tu pasión por la cultura, tu inagotable amor a la lectura, y bien espero que haya por donde navegues, llegue hasta ti El Cultural, santo y seña de tu confrontación literaria.

El haber hecho de ti mismo un melómano empedernido hasta llegar a ser el paciente profesor de neófitos musicales de saber con parcos conocimientos. Ejerciste de forma magistral de rapsoda por tierras de España y sus universidades y partner en no pocas sesiones televisivas de divulgación lírica, donde pudiste mostrar tu mucho saber de poetas y de sus obras. Fuiste Ingeniero, sabedor de todo y de presunción escasa, eras un enciclopedista, amén de ser un profesional de pro, con mente sin fronteras. Fuiste, cómo no, un relevante político, honesto y entregado al bien ajeno, un chicharrero con huella. No quiero echar al olvido tu preciada voz con que engalanabas los versos con los que tanto nos hiciste disfrutar. Mientras yo vivo días de angustia personal, mi mente huela a esa incomparable isla que los dos hemos amado, para decirte: Querido Paco, has dejado de sufrir y vuelas alto. Mi corazón se ha ido contigo. Sigámonos hablando y soñando juntos. Yo te llamaré para que solo me digas: Antonio, ya no sufro. Nos has dejado lo mejor de tu existencia: tu ejemplo. Tu silla sin número de Templo a Baco no se ocupará, queda huérfana como nosotros. Tus amigos no podremos olvidarte, te lloramos . Vuela alto, lo mereces.