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el revés y el derecho>

Háblame de Gabo – Juan Manuel Bethencourt

   

Hoy te pido algo, querido Juan, difícil de condensar en las trescientas palabras que contiene este esfuerzo epistolar de ida y vuelta. En la muerte de Gabriel García Márquez, creo que no sólo yo, sino también los seguidores del DIARIO, querrían leer una semblanza sobre este hombre grande, auténtico gigante de las letras castellanas y universales, a quien conociste no sólo bien, sino durante largo tiempo. Y es que, aludiendo a tu faceta de ensayista, siempre me ha admirado la finura de tu ojo a la hora de descifrar a los escritores coetáneos. ¿Quién y cómo era Gabo? Aparte de un novelista totémico, creador y primer representante de todo un subgénero literario largamente alabado, creo que García Márquez era fascinante en el cultivo de lo grande y de lo pequeño. Su huella es imborrable en la descripción de Macondo o, si me permites expresar una preferencia, en las páginas de ese tratado sobre el querer auténtico que es El amor en los tiempos del cólera. Sin embargo, admito que me engancharon más aquellas piezas en las que el coloso de Aracataca, afincado en su México de adopción, sacaba a relucir su condición de vibrante reportero, ejerciente de lo que un día, en las páginas de El País, él mismo definió como el mejor oficio del mundo. En sus tiempos jóvenes, como armador de un relato auténtico en Relato de un náufrago; más tarde, como narrador de ficción en Crónica de una muerte anunciada, el primer libro de Gabo que me vino a las manos, allá en mis tiempos escolares, poco antes de que le dieran el Premio Nobel de Literatura. Fue entonces, Estocolmo en 1982, cuando pronunció estas palabras que bien podrían valer como epitafio de toda una sublime carrera: “Los inventores de fábulas que todo lo creemos nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía, donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”. Hasta siempre, Gabo.