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“Hacer un Aguirre” – Por Enrique Arias Vega

   

En vez de suponer un escarnio e incluso la lapidación política de la interesada, la infracción de Esperanza Aguirre al dejar su coche en un carril bus de Madrid se ha convertido en un trending topic y hasta en una jocosa expresión: “Hacer un Aguirre”. Vaya por Dios. Resulta que los comportamientos públicos solo se imitan si son reprobables, pero nunca cuando aportan un mérito, un esfuerzo o una acción positiva. Eso debió pasarle el otro día a la conductora de un ostentoso Jaguar que lo dejó plantado en plena calzada de Valencia mientras se compraba trapitos en una tienda de lujo. A la salida del establecimiento le esperaba una pareja de la policía local que, seguramente impresionada por la arrogante belleza de la joven propietaria del vehículo, la dejó marchar con absoluta impunidad. O sea, que la conductora copió la actitud de la expresidenta madrileña, pero en cambio los guardias municipales no hicieron lo mismo que sus homólogos de la capital. Ese efecto imitación de las conductas no ejemplares se va extendiendo como la pólvora gracias a las redes sociales, que las reproducen y amplifican ad infinitum. Eso vale desde las filmaciones eróticas de adolescentes hasta la grabación de palizas escolares. Y, además, con choteo.

Así, siguiendo el símil de “hacer un Aguirre”, forrarse con la corrupción pronto se denominará “hacer un Bárcenas”, soltar una chabacanería, “hacer un Esteban”, o pasarse las leyes del Estado por el forro, “hacer un Mas”.
Aquí, está visto, nunca la pringa ningún famoso, haga lo que haga, sino que los que paganos somos siempre aquellos ciudadanos sin nombre del cual presumir y cuyas simples y tontas burradas se califican anónimamente como “hacer el gilipollas”.