X
da 2 >

Maribel Nazco: “El arte es una búsqueda constante”

   

Maribel Nazco

POR BENJAMÍN REYES

Adentrarse en la obra de Maribel Nazco (Los Llanos de Aridane, La Palma, 1938) es adentrarse en una aventura plástica. De la figuración de Ropa tendida (1966) a la abstracción de Huellas (2005), transitando por la neofiguración de sus Metales de la década de los 70, los collages de elementos industriales o el hiperrealismo de su serie Contenedores en los 90. Ruptura, pasión, rebeldía, espíritu crítico o evolución son algunas de las palabras que la definen.

-En su familia nunca se había producido un antecedente artístico. ¿El arte surge por generación espontánea?

“Los artistas nacen con una inclinación y luego la desarrollan. Los primeros pobladores sobre la Tierra, además de cazar, también pintaban”.

-¿Qué es el arte?

“Es algo que sublima, que mejora al ser humano. En mi caso lo veo como un sacerdocio. Es un compromiso que uno tiene con la vida, con la ética y con la belleza”.

-¿Por qué pinta Maribel Nazco?

“Pinto porque es mi oxígeno, me hace respirar; pero también pinto porque es mi pasión. Enfrentarse a un lienzo en blanco para transformar la realidad tiene su complicación. Es una lucha constante. Durante cinco minutos encuentro un resultado satisfactorio, pero el resto es pasión obsesiva”.

-¿Qué queda de aquella Maribel Nazco que expuso su obra por primera vez en 1957?

“Queda la misma rebeldía. En mi caso no se ha aplacado con los años. Me muerdo más la lengua, pero la rebeldía y el espíritu se mantienen. Soy incómoda para mí misma y para los demás. No me caso con nadie”.

-¿Por qué firma MNAZCO?

“Eduardo Westerdahl quería que firmara solo Nazco. Y lo hice durante una etapa, en la que creían que era un hombre. A mí me encantaba porque, en el Tenerife provinciano de la época, el hombre tenía más prestigio. Me cuesta firmar un cuadro. Algunos están sin firmar. En una exposición en el Instituto Cervantes de Nueva York, el rey Juan Carlos I, al contemplar una obra mía preguntó: ‘¿Quién es este hombre?’ Quizá lo creyera por la dureza de los metales”.

-En los 60 ingresa en el grupo Nuestro Arte. ¿Qué importancia le concede transcurrido el tiempo?

“Fue muy importante porque abogó por la vanguardia, pero duró muy poco. Quiso despertar a una sociedad muy tradicional, aunque no estábamos en contra de lo tradicional. En su momento lo conseguimos, pero ahora la sociedad canaria se ha vuelto a adormecer.  Ahora las cosas son más superficiales. Haría falta un nuevo grupo artístico que hiciera ruido. El arte abre nuevos caminos, ventanas o espacios”.

-¿Cuál fue el origen del interés por nuevos lenguajes expresivos?

“Empecé a cuestionarme la pintura de caballete cuando terminé de estudiar la carrera. Me dediqué a observar el mar, sintiendo una atracción especial por los efectos que este ejercía sobre objetos inservibles o las manchas de petróleo y alquitrán que dejaban los barcos. Ese mundo me apasionó y me emocionó”.  

-Su primera muestra individual fue Humanizar la máquina (1969), ¿quería plasmar la soledad del ser humano?

“Era la época en la que los astronautas llegan a la Luna. Me imaginaba cómo se sentirían en el espacio. El colorido está adaptado a esa espacialidad. La llegada del hombre a la Luna fue algo que marcó a muchos creadores, que somos permeables a lo que ocurre en la sociedad. Ahora estoy inmersa en una serie de dibujos en los que abordo la inmigración. Somos notarios de la época en la que vivimos”.

-En 1970 emprende la serie Homo 70, en la que se inspira en radiografías óseas para plasmar el hombre viejo destruido.

“Quería que naciera un hombre nuevo, aunque no sé si lo conseguí. Enterré soluciones plásticas del pasado. Cuando abordo un proyecto indago y experimento hasta que creo que ya no puedo aportar nada nuevo y me vuelvo a enfrascar en otro proyecto. Sé que un tema se ha agotado cuando me aburre. No quiero repetirme. El arte es una búsqueda constante”. 

-Se ha mantenido fiel a su compromiso estético al margen de los movimientos artísticos imperantes.

“La galerista Magda Lázaro me dijo en una ocasión: ‘A mí me encanta tu obra, pero la gente no la entiende’. Me he embarcado en una aventura complicada. Suelo coger temas cotidianos como puertas, contenedores o palés y elaboro un diálogo entre diferentes obras. Si solo se contempla una pieza aislada de la serie no se entenderá. Gustará o no, pero en mi obra reside un diálogo que mantengo con la realidad, que intento transformar”.

-¿El arte hay que entenderlo?

“El arte tiene que emocionarte. Si el espectador no se emociona o la mirada no es la adecuada no hay conexión”.

-¿La neofiguración fue una forma de no perderse en una poética evasiva?

“Creo que nunca he sido abstracta, sino que he visto la realidad fragmentada y transformada. Selecciono los fragmentos de la realidad que me interesan”.

-¿Una obra de arte abstracta es inagotable?

“Sí, porque todo el mundo ve lo que quiere ver. La obra de arte funciona cuando te emociona. En el arte también hay modas. Había gente que hacía abstracción para seguir la tendencia. Los artistas que van a contracorriente lo pasan mal porque no entran en los circuitos comerciales”.

-Mostró su obra fuera de Canarias, por primera vez, en 1972, en una exposición individual celebrada en el Ateneo de Madrid. ¿Cómo recuerda aquella experiencia?

“Fue una experiencia muy positiva y enriquecedora. Abrirte paso desde las Islas en un ambiente aperturista como el Madrid de los 70 no era habitual. Si me hubiera quedado allí, hubiera tenido otra trayectoria. Luego vinieron otras muestras en Barcelona, Bilbao o en otras galerías de Madrid”.

-¿Qué valor le concede al objeto encontrado?

“Para mí, significa inspiración. Cuando encontraba una tapa de bidón oxidada la llevaba al estudio como si fuera algo extraordinario. Luego, intentaba captar las capas de oxidación y su color para transferirlo a mis metales. Miró o Picasso también empleaban objetos encontrados”.

-¿Cualquier cosa puede ser arte?

“Si les das el valor que tú quieres, sí es arte. En una ocasión expuse un tornillo que encontré en el marco de un contexto de una instalación, dotándolo de una determinada intencionalidad”.

-Háblenos de su etapa como docente.

“Dediqué más de 30 años a la docencia con la intención de elevar el nivel estético de la sociedad. Ya no era artista en primer lugar, sino docente. Mi economía y mis compromisos docentes no me permitían hacer muchas exposiciones y establecer contactos. En 1986 me doctoré en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna con la tesis El metal sometido al arte, tras veinte años trabajando diferentes metales. Luego fui elegida decana de la Facultad de Bellas Artes en dos mandatos consecutivos con el firme objetivo de crear una nueva Facultad que, por fin, es ya una feliz realidad”.

-En los años 90 se enfrasca en una serie de contenedores hiperrealistas.

“Me atraía su extraordinario mundo de masa y color. Quería rebasar los límites y atravesar el horizonte. Esos contenedores viajan por todo el mundo. Mi intención era coger un objeto cotidiano y transformarlo”.

-Actualmente trabaja, intermitentemente, en una serie de palés.

“De momento he pintado quince palés. Me emociono cuando voy a un supermercado y veo unos palés usados, a los que el tiempo les ha dejado su huella”.

-En 2002 (La Recova) y 2012 (TEA) se celebraron dos retrospectivas de su carrera. ¿Significan el final de su trayectoria?

“Mi carrera concluirá por temas de salud, pero no por falta de ideas. El arte me ha costado la salud. No sé si mi obra vale o no vale. A mí me ha valido. Quiero seguir trabajando y seguir sorprendiéndome”.

-¿Tener problemas de visión le ha hecho ver la realidad de otra manera?

“Hace tres años empecé a tener problemas. Me ha afectado a la hora de pintar porque trabajo intensamente, no decorativamente. Mi percepción de la vida ha cambiado mucho. El hecho de no pintar es como si me quitaran parte de mi vida, sin embargo, tengo fe y quiero seguir luchando”.