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Las mascotas sí se quedaron en casa – Por Román Delgado

   

Uno se pone en plan curioso y muy ácido, tipo habitante sui géneris de barriada levantada en la etapa del Mando Económico (cuando Franco), a modo de doña repulsiva y pasapáginas de revista del corazón en peluquería del centro o bien como maestro torcido de los que no recorren más de dos centímetros cuadrados al día por estar cosidos a una barra, y no hay manera de eludir la tentación de tocar el tema, porque, sin duda, este es el tema. Y el tema, como tanto gusta decir a políticos criados en cualquier poceta y a técnicos sin gracia, es que en Roma sobraba mucha gente, y digo Roma pudiendo decir el Vaticano. A Roma, el tema de hoy, fueron más políticos de la cuenta, cantidad humana superior a lo razonable si de verdad estamos en crisis, que parece que sí (es lo que dicen, y no paran, los políticos, y hasta algunos técnicos), y todos los que se subieron a la guagua que salió de La Laguna, de las que no se incendian, viajaron a cuenta de la gran mayoría que aquí permaneció, también conocida como parte paganini.

Curioseando y curioseando, que para eso la red está más rica que un pollo peludo al ajillo, con papas recaras bien fritas y aparcadas a un lado, uno llega a conclusiones muy revoltosas: primera, que las mascotas de algunos de esos viajeros a la gorra fueron los únicos bichos vivientes, al menos de entre los más parecidos a personas con vergüenza, que se quedaron en casa, o quizá en el hotel, que ya no sé; segundo, que todos los fotografiados en legítimas lides, siempre que hayan sido capaces de autofinanciarse tal exhibición de religiosidad en honor al ahora padre y santo José de Anchieta (se excluye a la representación pública razonable, no más de cuatro), deberían, nada más llegar al chozo bien limpios de pecados, dejar muy nítido quién pagó tal paseo publicitario, apetitoso y vaticano (si no es así, la oposición, donde exista, ya sabe a qué dedicarse el lunes), y tercero: el que no llevó la mascota fue porque no le dio la real gana, que, visto lo visto, debió ser lo poco que no entró en el templo. Los acogotados que se quedaron en tierra, paganinis de tal aventura emocional, a partir del lunes, que el domingo será jornada de asueto para los retornados, volverán a escuchar la retahíla de maldades que chorrea esta crisis, o las bondades que ya se respiran y suspiran relacionadas con el cambio de ciclo, con la agonía de ese ciclón maldito, cosa de Rajoy, que ya duraba seis años. El lunes vuelvo a pasar lista, que igual amplío esta suma negra de escarnio y me doy cuenta de que hasta estuvo Efraín, Cristina (dos), Yeyo (no, lo vi en Icod)…, o algún perro para dormir mejor a los críos. Que se retraten, y que sea antes de que esté justificado viajar a Brasil a lo mismo.