X
ahora áfrica > Juan Carlos Acosta

Mercados – Por Juan Carlos Acosta

   

Si bien la economía no habla por si sola del avance de los pueblos, sí que representa un indicador de las posibilidades de desarrollo de sus sociedades. No es lo mismo hablar de un país cuyo crecimiento se sitúa en números negativos que hacerlo de otro que presenta cifras positivas, y más si supera los decimales de cero con los que luchan actualmente muchos estados europeos, como España. Cierto es que en el caso de África, sus mercados parten generalmente de umbrales muy bajos, pero también constituyen un amplio nicho de posibilidades de inversión para los empresarios y de investigación para las instituciones académicas interesadas por las perspectivas históricas. De una parte, el mundo desarrollado parece estar dando paso a un entramado de nuevas formas de intercambios comerciales, cuando no a nuevos escenarios de relaciones de fuerzas, que ya no obedecen a los monopolios tradicionales. De otra, es evidente que irrumpen en la arena en la que se baten los réditos de las finanzas internacionales flujos empresariales cada vez más potentes y competitivos que proceden de lo que hace pocos años llamábamos tercer mundo.

Si a ello añadimos que la deslocalización de las producciones de las grandes firmas multinacionales en regiones pobres, debido al ínfimo coste de la mano de obra, las ventajas fiscales y desregulaciones propias de la ausencias legislativas, ha dotado a esos enclaves en tiempo récord del método y las herramientas necesarias para seguir con el negocio, la derivada parece nítida: productos de origen difuso cada vez de mayor calidad pero de bajo precio que inundan los establecimientos de todo el mundo a la sombra de la incapacidad de los organismos de Bretton Woods para fagocitarlos. Otro factor añadido a tener en cuenta es el de los recursos naturales, que juegan, hoy por hoy, a favor de muchos de los países emergentes que comienzan a recuperar su propiedad, porque estuvieron en manos de industrias extranjeras que los usurparon a través del soborno de las élites gobernantes locales. Como resultado, el día a día de la economía internacional precisa ahora de análisis tan dinámicos como lo son los procesos de los propios mercados en desarrollo, animados por una alta capacidad de consumo, en base a poblaciones numerosas y jóvenes, y por la decadencia de los mecanismos del control tecnológico y político del que hasta hace pocos años llamábamos primer mundo. Las cartas están sobre la mesa. Y que nadie se llame a engaño, la economía no es, o no tiene que ser, explotación, sino una ciencia que debe ordenar y optimizar el rendimiento de los recursos disponibles para ponerlos a disposición del bienestar de las comunidades organizadas en torno a una globalización que, ahora sí, ya no tiene límites endogámicos.
@Juan_C_Acosta