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La muerte resucita conciencias – Por Rafa Lutzardo

   

No tuve la suerte de conocerle personalmente, pero sí la alegría de que en España, tras la muerte del dictador Francisco Franco, saliese la figura de Adolfo Suárez González, que aunque provenía del Movimiento Nacional y formó parte del gabinete de Arias Navarro, el Rey don Juan Carlos apostó por él para formar un nuevo Gobierno, en unos momentos de incertidumbres y hostilidades en el año 1978. Tras su reciente muerte, muchos españoles de los diferentes círculos sociales y políticos se han apuntado al carro de la hipocresía, el cinismo y la falsedad, especialmente de algunos que pertenecieron a la Unión de Centro Democrático (UCD), coalición política y posteriormente un partido español de centro o centro derecha, cuyo líder fue Adolfo Suárez, y de otros muchos partidos. El escritor Arturo Pérez Reverte acierta plenamente cuando dice: “Creo que la vida fue piadosa con Suárez. Le quitó la conciencia para evitarle el sufrimiento de ver en manos de qué gente acabaría su obra”. Efectivamente, una verdad como la vida misma de todo ser vivo. Adolfo Suárez González ya está en los anales de la historia política contemporánea de España. Durante su mandato ocurrieron muchas cosas que aún siguen ocultas entre los tentáculos de la manipulación de los poderes fácticos, pero lo que no han podido ocultar fue su gran valentía, inteligencia y voluntad de unir a una España dividida en ideas e ideologías; caracterizándose como un hombre de consenso, logrando pactar con socialdemócratas, liberales y comunistas, lo que motivó todo ello recibir fuertes presiones y críticas, especialmente de los sectores del franquismo. Como ocurriera con Rodrigo Díaz de Vivar (Cid Campeador), en otra época y lugar de España (1099), donde una leyenda muy tardía supone que el Cid, después de muerto, fue artificiosamente montado a caballo haciendo huir a las tropas sitiadoras almorávides. Aunque de forma diferente, la muerte de Adolfo Suárez ha despertado en muchos corazones del pueblo llano, especialmente de las personas humildes (clase obrera), el sentir de todo corazón de tan valiosa pérdida humana. El expresidente que hoy es llorado y venerado por muchos de sus traidores de la clase política española que se hacían llamar amigos leales en aquellos momentos. Como dice una excelente periodista, “el presidente que tomó de la mano a millones de personas y cruzó la calle del franquismo hacia la calle de la democracia. El hombre que nos enseñó lo que era una Constitución y la libertad política sin obviar que se podía seguir siendo humano”. “Puedo prometer y prometo…” que fue usted, señor Suárez, la mejor “medicina” para este país que hoy agoniza.