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Por un pacto ‘transvulcánico’ – Por David Sanz

   

A estas alturas, y como siga el patio igual de revuelto, habrá que pedir un pacto por la Transvulcania. Sé que suena exagerado y si me apuran hasta ridículo, pero peor me parece el espectáculo diario que se está dando alrededor de la carrera. Se está asociando a la prueba demasiada porquería como para que no termine saliendo dañada la imagen del principal evento deportivo que se celebra en la isla de La Palma. Cuando no es por un lado, es por otro, pero siempre está en medio de una carajera política una carrera de montaña que ha alcanzado un prestigio inmenso en muy pocos años de vida. Un reconocimiento que como vino también se puede marchar si no sabemos mimar el producto entre todos. Eso no quiere decir que sea un acontecimiento sagrado y no se puedan hacer cambios. Si se deben hacer para el bien de la prueba, bienvenidos sean. Ya habrán más ediciones para corregir, si es necesario, o seguir innovando si hace falta. Pero los dardos envenenados de una parte y de otra a cuenta de la Transvulcania no son su mejor carta de presentación ni el mejor reclamo para los deportistas. Sé que es una boutade pedir que no se politice una prueba cuyo mayor peso recae en una Administración pública como es el Cabildo y en sus responsables máximos que no son otra cosa que políticos. No nos engañemos, la Transvulcania, como cualquier otra competición deportiva de cierta élite o proyección social, también es política. No hay más que mirar cómo la política interfiere desde las grandes ligas de fútbol o en las Olimpiadas, hasta en las competiciones locales. Pedirle a un político que no politice algo es como decirle a un médico que no practique la medicina o a un sacerdote que no aspire a convertir a más feligreses. Pero de ahí a que se convierta en el campo de batalla donde se dirimen todas las diferencias va un trecho. Con el paso del tiempo, la organización de esta prueba debe ir cogiendo madurez y distancia de su principal promotor para evitar esta tentación de ser una arma arrojadiza fácil al depender fundamentalmente de una institución pública y sus representantes, de esta manera nos ahorramos que siga convirtiéndose en casus belli cada nueva edición. Creo que la base existe para llegar a un acuerdo de paz porque no hay nadie en La Palma que dude de la importancia que tiene la buena salud de la prueba para la Isla.