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A veces soy humano>

Resiliencia: ser o estar – Por Félix Díaz Hernández

   

Al menos hay que calificar de curiosa esta inveterada costumbre de reinventar conceptos; de poner nuevos nombres a comportamientos humanos que existen desde que el hombre es hombre. Aun así, y por mero respeto a quienes si han demostrado desde hace años un verdadero espíritu de resistencia ante las adversidades, aceptemos que esa capacidad para reponerse tras un desastre, para prever las amenazas que se ciernen sobre los asentamientos humanos o para asumir elásticamente los problemas, se le llama ahora, a nivel internacional y con especial énfasis desde 2005, resiliencia.

Este vocablo atesora múltiples connotaciones cuyo idéntico denominador, si nos ceñimos al núcleo de su ser, se apoya en los cimientos del mero sentido común. Un sentido común que con el desarrollo de las concentraciones de personas en el territorio, en pueblos y ciudades, habíamos perdido de vista.

Sin embargo, como observador del aterrizaje en el archipiélago canario de la resiliencia, de la que nos podrían dar muchas clases las jóvenes sociedades suramericanas, me temo que lo resiliente, en la mayor parte de los casos, pueda quedarse anclado en el papel y los oropeles del corto plazo. La pregunta que debemos hacernos es si nuestros municipios, como base de la estructura organizativa local, poseen un conocimiento profundo de lo que significa demostrar y ser resiliente ante los desastres; no vaya a ser que algunos crean que en esta época de acuerdos, tratados y declaraciones, demasiadas veces vacuas, esa categoría se obtenga por estampar una mera rúbrica.

Como tantas otras veces la diferencia, que muchos no entenderán, se fundamentará en revisar la hoja de servicios de cada cual, los esfuerzos que cada institución haya hecho a lo largo de su historia para mitigar los riesgos y gestionar el día después de un desastre. Porque, disculpen la obviedad, no es lo mismo ser que estar.

@felixdiazhdez